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No podemos callar lo que hemos visto y oído. (Hch. 4, 20)

Sobre la posibilidad de la realidad

Sobre la posibilidad de la realidad

 

         ¿Donde realmente se encuentra el significado de la realidad? Sin duda alguna se trata de una búsqueda compleja, partiendo de que no todos percibimos la realidad como igualmente real, es decir, lo que para mi puede ser una realidad absoluta, puede que para un observador distinto no pase de ser una mera ilusión. La búsqueda de la realidad pasa, a mi entender, por la búsqueda de una verdad que podemos llamar objetiva, pero objetiva no significaría aquí real, sino una verdad de consenso. De donde nos surgirá el siguiente problema: ¿si es una verdad de consenso, es una verdad absoluta?.

           La respuesta es evidente y clara, el consenso no implica lo absoluto en sí mismo, sino que tal pertenencia de absoluto lo será solo en tanto que una serie de sujetos lo aceptan como tal y, consiguientemente, fuera de ese estatuto de sujetos, tal verdad pasará a ser de nuevo una verdad totalmente subjetiva y carente de validez. Sorprende como en la historia, este concepto de verdad ha posibilitado la aparición de totalitarismos políticos; entre otras grandes barbaries recordemos como claro ejemplo de ello que ésta interpretación de la verdad legitima al llamado dictador, el cual buscando (posiblemente) el bien social, se olvida de que el bien que busca lo busca desde sus propios conceptos de bien y de validez, en su ayuda vienen aquellos que, en propio interés, reconocen la verdad del dictador como válida y absoluta, como camino posible para un bien u orden social; en definitiva, como un medio de dominio de masas que posibilite un estado aparentemente regulado. En conexión con la historia,  podemos encontrar en este marco de referencia a personajes como Franco, Mussolini, Stalin, y un largo etcétera de modelos que, partiendo de ésta concepción, han impuesto regímenes puramente absolutistas a sus pueblos; y si claro es el ejemplo de estos personajes, mayor pavor produce pensar en Hitler, quien además de lo antes expuesto, es capaz de convencer a casi toda una nación para probar que su verdad es la absoluta, pues no olvidemos que su llegada al poder se produce mediante las urnas y que, por consiguiente, un régimen democrático trajo como consecuencia al mayor sanguinario de la historia. A lo largo del devenir de los tiempos son muchos los filósofos y pensadores que se han embarcado en esta búsqueda. Muchos creen haber llegado a su resolución, pero siempre desde sus propias premisas y nunca desde premisas absolutas. Por otro lado, otros han buscado esa verdad absoluta en la religión, considerando que los dogmas dan validez de absoluto. Desde la filosofía, no son pocos los autores que han puesto el punto de mira en el llamado "a priori" o en el "a posteriori", para poder atisbar la verdad en el conocimiento desde uno u otro objetivo de miras.

            Así, nos encontramos con Kant, quien nos hablará del hombre como el protagonista del acto del conocimiento y, proponiendo el idealismo trascendental como posibilidad válida de conocimiento de la realidad; aunque no llegamos a comprender si con esa realidad se nos viene dada la verdad en sí misma. Otros autores más modernos, como Rorty, nos hablan de la necesidad de la verdad como consenso, olvidando los riesgos antes expuestos que ello supone. Igualmente no faltarán los pensadores que, de forma directa, nieguen la posibilidad del conocimiento de la verdad, dejando al hombre a la deriva en un sin sentido de la existencia.

            Por otro lado, llegaran los políticos, quienes desde erróneas convicciones de creerse en la verdad absoluta, mutilarán la posibilidad de la libertad en las sociedades supuestamente democráticas. Es más, los errores surgidos de la confusión en la búsqueda de la verdad tienen como consecuencia política la errónea concepción de la democracia como un sistema de gobierno en el que la suma de minorías ideológicas presupone una mayoría democrática. Y digo error porque en el concepto mismo de democracia se ha de incluir la búsqueda del bien común, y nunca la imposición de un anhelo ideológico minoritario a la mayoría. Una vez más, la raíz del problema la encontramos en la falsa creencia de la posesión de la verdad absoluta, bien por parte de un sujeto, bien por parte de un conjunto de la misma calaña.

            ¿Y las religiones? Ellas también se creen en la posesión de esa verdad absoluta que nos ocupa. Pero existe una gran diferencia entre aquellas religiones que buscan ofrecer la Verdad descubierta como medio de consecución de la felicidad y sentido último de la existencia del ser humano, y aquellas otras que desean la imposición de su creencia como una necesidad imperante. En el fondo, todo nos indica lo terrible de la religión cuando, llevada de ideología o de intransigencia, se convierte en azote de infieles o pecadores, creyendo además, que hacen un favor al Ser oprimido por el error, porque le conducen, aún involuntariamente, al conocimiento de su verdad elevada a lo absoluto.

            Hemos partido de la posibilidad de la realidad, a la búsqueda de la verdad. Es posible que uno de los sabios más importantes de la historia fuese un gran desconocido: Poncio Pilato, aquel que pudo preguntar con verdadero interés: Qui veritas est?.

            En este breve recorrido, y puede que absurdo, yo me quedo con una verdad, la única cuya presencia es intrahistórica, la que se personifica en la figura de Jesús de Nazaret. Él es el único que se atreve a decir: yo soy la Verdad, el camino y la Vida y a morir por ello. Nadie da su vida por algo de lo que no está plenamente convencido. El único capaz de unir estos tres conceptos en una realidad que se ofrece y que no se impone: él mismo.

            Si la realidad pasa por la verdad y él dice "yo soy la Verdad", tiene sentido la teología cristiana según la cual, donde hay realidad allí está Cristo; es decir, donde hay realidad allí está la Verdad. Como argumento añadido, podremos indicar que en Cristo, toda realidad que conlleva el mal queda desterrada, y se ofrece como camino sólo la realidad que produce el bien desde el concepto de Amor o Caritas, lo cual implica la búsqueda del bien común sin exclusión.

            En el fondo, se trata de una confesión, nunca de una prueba científica, pues también podría surgir la pregunta: ¿Tiene realmente significado la realidad?

 

1 comentario

Daniel jose -

La realidad en SI no existe!! porque es subjetiva...solo existe lo que tu quieras ver!