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No podemos callar lo que hemos visto y oído. (Hch. 4, 20)

Certezas

Certezas

 

Si busco entre los recuerdos del ayer, me hallo con sorpresas inesperadas. Parece como si el tiempo fuese un devenir de acontecimientos que van a desembocar en el hoy, parece como si el pasado fuese tan solo un suspiro que pasó, un anhelo de esperanzas, un no se qué que me hace sentarme en el silencio para respirar. Una infancia poco vivida, una adolescencia arrebatada, un sonreír a la vida con burla; en definitiva, un sarcasmo de pasados y presentes que hoy se desvanecen como la hoja de periódico en el agua. Nunca pensé que sería posible sonreír desde lo profundo, sentir el aire en los pulmones. Nunca imaginé que podría decirte hoy que las cadenas de la inconsciencia parecen derretirse. Quiero sentir como puedo cerrar mis ojos y que el peso de los párpados lo sea solo por el cansancio. Despertar disfrutando el sol con el frío de la mañana. Notar que mi respiración no lo es de angustia ni desesperación, poder descubrir que es posible amar más allá de lo establecido, que es posible perdonar sin que el corazón esté obligado. Los recuerdos son solo eso, recuerdos. La vida es lo importante, vivirla de lleno, hacerle frente como quien siente el peligro y el dominio de una moto acelerada. La certeza empieza hoy, la incertidumbre acabó ayer. ¿Sabes? Descubrir la mirada de un niño es poder descubrir la aventura de cada día; la escasez de nuestra condición y la grandeza de lo que somos capaces de amar. No estoy solo, tú estás aquí. Por primera vez puedo sentirlo, no estoy solo. El recuerdo es el sueño de los idiotas, la vida es la esperanza de los que aman y sienten el amor. La vida se pasa de dos maneras, sirviendo a los intereses de los demás, o sirviendo a los intereses del interés. Adiós soledad, esta vez no me has ganado la batalla, esta vez soy yo quien se sube a la cima de la montaña para ver como te alejas. Adiós incertidumbre, esta vez soy yo quien se siente seguro y protegido. Adiós recuerdos que me habéis torturado, ahora seré yo el azote de vuestro sueño. Gracias vida por existir. Gracias amor por hacerme comprender. Gracias amanecer por poder contemplarte. Gracias Dios por sentir tu presencia y tu fuerza. Gracias corazón por enseñarme a Amar. Ya no podré hallar sorpresas en mis recuerdos, porque miraré el pasado sonriendo, porque la niñez robada volverá, porque la adolescencia arrebata ahora es mía. Porque la soledad es ya un chiste sin risa. Ahora siento el aire en mis pulmones y la sangre correr por dentro de mí. Ahora siento que es posible amar sin condiciones.

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