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Sobre la posibilidad de la metafísica en Kant

Sobre la posibilidad de la metafísica en Kant

 

Análisis del texto: Crítica de Razón pura, prólogo segunda edición, de B XIV, línea 8, a B XVII, línea 2 (trad. P. Ribas, Madrid, Alfaguara, 1988, pp. 19-20.

En este texto, Kant analiza la metafísica, y la fundamentación que de ésta se puede hacer. Afirma que la metafísica, a pesar de ser la base de todas las ciencias, y de ser la primera en aparecer, y la última que se perdería, no se puede fundamentar y demostrar con los métodos racionales de los que dispone la ciencia.  Todas las demostraciones metafísicas deben hacerse a priori, y por tanto, pueden ser erróneas. Para salvaguardar este problema, invierte la situación: hace que los objetos se adapten al sujeto, es decir, la realidad se adapta al hombre. Para Kant el hombre es el polo positivo del acto de conocer ya que conocemos el mundo solo a través de las estructuras de nuestros sentidos e inteligencia. El mundo en sí (noumeno) es algo externo a nosotros y en el momento en que lo conocemos y lo introducimos en nuestra mente lo hacemos a través de nuestro matiz personal, que nos permite construir esos datos en una imagen interpretable por nuestra mente (fenómeno). Es imposible saber cómo será el mundo en sí mismo sin mente que lo conozca pues en el momento en que supiésemos como es el mundo en sí lo estaríamos sabiendo en nuestra mente y ya no sería el mundo en sí mismo sino el mundo tal y como nosotros lo estuviésemos conociendo.

El hombre, por lo tanto, al conocer conoce el mundo a través de sus propias estructuras mentales que configuran los datos que nos llegan del mundo exterior. El hombre no es un mero receptor sino también un constructor de las imágenes que aparecen en su mente: un objeto en sí es incognoscible, pero cuando nuestra mente reconfigura esos datos a través de nuestras estructuras ese objeto adquiere entidad y es conocido. La ciencia no es conocimiento del mundo en sí sino del mundo tal y como aparece en nuestra mente.

El texto propuesto forma parte de la obra Crítica de la razón pura, la obras más importante de Kant, en la que analiza la naturaleza, la función y los límites de la razón humana. El problema que plantea al inicio del texto es el de la fundamentación racional de la metafísica. Ésta, a pesar de ser la madre de todas las ciencias, y de ser la más antigua y la única que sobreviviría si las demás dejaran de existir, posee muchas dificultades para ser demostrada con métodos racionales y objetivos, como los que disponen las ciencias naturales o las matemáticas. Para él,  la metafísica se basa en conceptos a priori, sin validez universal, y obtenidos a base de simples conceptos y buscando a tientas. Por tanto, no se puede considerar como conocimiento válido.

El autor llega a la conclusión de que los intentos de fundamentar el conocimiento metafísico han fracasado, y propone lo que se conoce como el giro copernicano de la filosofía: en vez de imponer el objeto al sujeto, es ahora el sujeto el que se impone al objeto; la realidad se adapta al hombre y a su forma de conocer. Esta idea es la que se conoce como el idealismo trascendental, y constituye la síntesis entre racionalismo y empirismo.

Llega a la conclusión de que los objetos, es decir, la experiencia, poseen unas reglas a priori que si podemos conocer antes de conocer el objeto, y que se adaptan a todos los objetos de la naturaleza.

Según Kant su teoría del conocimiento supone un giro copernicano de la teoría del conocimiento  anterior a él. De igual modo que Copérnico colocó al Sol en lugar de la Tierra como centro del universo la teoría kantiana sitúa al sujeto que conoce como centro del acto de conocer en vez de al objeto. A partir de Kant el hombre (sujeto) ocupará un lugar activo y central en las especulaciones sobre el acto de conocer.

 

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