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No podemos callar lo que hemos visto y oído. (Hch. 4, 20)

TEMARIO HISTORIA DE LA IGLESIA 1º BACHILLERATO

TEMA 1 (Los inicios de la Iglesia)

 

La primera Iglesia

Podemos afirmar que la primera Iglesia es congregada por Jesús, estaba formada por la comunidad de sus seguidores y su inicio puede ser marcado en la fiesta de Pentecostés, con la venida del Espíritu Santo.

            Quienes seguían a Jesús eran llamados discípulos, es decir, los que aprenden del maestro. De entre los discípulos, Jesús eligió a doce, que recibieron el nombre de apóstoles, que quiere decir "los enviados a predicar". Ellos vivían juntos, y lo tenían todo en común.

            Los apóstoles:

*Son elegidos por Jesús

*Son llamados a ser sus amigos y sus colaboradores.

*Son enviados a predicar el evangelio

*Reciben de Jesús la autoridad sobre la comunidad.

            Como Jesús sabía que cuando Él no estuviera, necesitaría una persona que los alentara y les guiara, decidió elegir a Pedro y su tarea fue ser el guía y el apoyo del resto de la comunidad.

 

            El  Espíritu Santo en la Iglesia

            Después de la muerte y resurrección de Jesús, muchos de sus discípulos se dispersaron. Sin embargo, otros junto con la madre de Jesús, seguían reuniéndose para recordarlo.

            Un día, mientras estaban reunidos, notaron como el Espíritu Santo entraba dentro de ellos y los llenaba de valor y fuerza. Su presencia se manifestó como ruido, viento impetuoso y lenguas de fuego.

            En el día de Pentecostés, se estaba celebrando una fiesta judía que reunía en Jerusalén a gentes de toda Palestina y creyentes y judíos que vivían en otras naciones del Imperio Romano. Pedro, inspirado en el Espíritu Santo, les dirigió la palabra. A pesar de hablar lenguas diferentes, todos se entendieron.

            Pedro les explicó que:

*Todas las promesas sobre la salvación de Dios que hicieron los profetas del Antiguo Testamento se habían cumplido con Jesús de Nazareth.

*Jesús, a quien ellos habían crucificado, era el Mesías, el hijo de Dios hecho hombre, es decir, el Cristo prometido.

            A raíz de este discurso de Pedro, unos tres mil judíos se convirtieron, fueron bautizados e incrementaron la comunidad de los seguidores de Jesús.

 

            Las primeras comunidades

            Los primeros cristianos se diferenciaban de los otros Judíos en que ellos creían en Jesús, el Señor, y, siguiendo la enseñanza de los Apóstoles, se esforzaban en vivir como Él había enseñado.

            Las autoridades judías no los aceptaron y fueron perseguidos.

Los primeros cristianos procedían del judaísmo como Jesús y los apóstoles. A simple vista, no se diferenciaban de sus conciudadanos. Pero podemos observar grandes diferencias que son relatadas en los Hechos de los Apóstoles:

*Creían en Jesús, el Señor, el Hijo de Dios salvador de la  humanidad.

*Se bautizaban y se reunían en comunidades para orar y acrecentar la fe.

*Celebraban la Eucaristía como Jesús les había mandado en la Última Cena.

*Escuchaban la enseñanza de los apóstoles.

*Vivían como hermanos y compartían todos los bienes con los pobres.

            Los primeros cristianos eran gente sencilla y formaban comunidades que se reunían en casa de alguno de ellos en la clandestinidad.

            En estas reuniones, rezaban, celebraban la Eucaristía y escuchaban la enseñanza de los apóstoles.

            Entre ellos no había pobres, porque vivían como hermanos y entregaban todos sus bienes para ayudar a los necesitados.

 

            Las persecuciones en Palestina

            Los adversarios de Jesús no toleraban que aquel grupo de hombres y mujeres anunciasen su resurrección y afirmaran que era el Hijo de Dios.

            Por esto persiguieron a la pequeña comunidad:

*Primero encerraron en la cárcel a Pedro y a Juan, los azotaron y prohibieron que predicasen a Jesús.

            *Más tarde arrestaron a todos los apóstoles.

*Después apedrearon al diácono Esteban, que fue el primer mártir de la Iglesia.

            Tras el martirio de Esteban, la comunidad de Pedro se dispersó, huyó de la persecución, y sus miembros predicaron en otros pueblos.

 

La expansión de la Iglesia

            El cristianismo, gracias a la predicación de los apóstoles, en especial Pedro y Pablo, y algunos discípulos, crece y se difunde por las grandes capitales del Imperio, llega a Roma y a todos los pueblos, entre ellos, España.

            Después del martirio de Esteban, muchos cristianos de Jerusalén, al ver que la persecución no cesaba, decidieron trasladarse a una ciudad más tranquila, lejos de la influencia judía. Escogieron Antioquia, una ciudad de Siria. Allí, Pedro y Pablo predicaron la fe cristiana a judíos y no judíos.

 

Los viajes de Pablo

En Antioquia, Pablo permaneció un año y los creyentes crecían de día en día. Aquí fue dónde se dio el nombre a los cristianos por primera vez.

Pablo visitó muchas naciones y muchas ciudades. En ellas predicaba el Evangelio y fundaba nuevas comunidades cristianas.

Pablo imponía a sus miembros la misión de presidir, predicar y celebrar. Eran los primeros obispos, sucesores de los apóstoles, y los presbíteros, colaboradores de los obispos.

 

Los cristianos en Roma

El cristianismo llegó muy pronto a Roma.

Pablo, tras recobrar la libertad, evangelizó a los romanos y, al poco tiempo, también el apóstol Pedro se trasladó a Roma, presidió a los cristianos y fue el primer Papa. Al final, Roma se convirtió en el centro de la Iglesia.

A pesar de las persecuciones, la vida de la Iglesia fue muy intensa. Se propagó por todo el imperio y durante los siglos II y III cabe destacar:

*Los escritos de los Padres apostólicos y los Padres de la Iglesia que orientaban a los cristianos a ser fieles al Evangelio. Sus autoridades destacaron por su sabiduría y su fe.

*La importancia de la Iglesia del norte de África, centrada en Cartago y la influencia que ésta ejerció en la Iglesia de la Península Ibérica.

 

El cristianismo en España

            La fe cristiana fue introducida muy pronto en nuestro país gracias a comerciantes, viajeros, soldados... provenientes de  Oriente, de Italia y del Norte de África.

            Algunos documentos muy concretos nos dicen que:

*San Pablo expresa su deseo de predicar en España, en la Carta a los Romanos.

*En el 254, el obispo de Cartago, San Cipriano, escribe a los cristianos de Mérida y Astorga.

*Hacia el año 300 se celebró en Granada un concilio en el que estaban representadas 37 comunidades de toda la Península.

*Hubo numerosas mártires, como: San Vicente, Santa Eulalia, Santa Engracia.....

 

TEMA 2 (De la expansión a la persecución)

 

            La Iglesia en la Edad Media y el fin de las persecuciones

            El emperador Constantino promulgó un edicto que concedía a sus súbditos la libertad religiosa (Edicto de Milán en documento aparte). Es importante conocer este documento, para saber cómo Constantino no impone el cristianismo, sino que da la libertad religiosa a todas las confesiones, así pues, él mismo no se convertirá al cristianismo hasta el fin de su vida..

            Los pueblos bárbaros se convirtieron al cristianismo y por esto la fe cristiana influyó en el nacimiento de Europa y su cultura.

            La Europa cristiana se ve sacudida por la invasión musulmana, y se inicia una lucha entre la cristiandad y el Islam.

El imperio de occidente, con capital en Roma desaparece en el transcurso del siglo V como consecuencia de las invasiones germánicas y el Imperio de Oriente o Bizantino, con capital en Constantinopla, se convirtió en un imperio rico y próspero que duró hasta la invasión de los turcos en el siglo XV.

            Las persecuciones oficiales del poder romano contra los cristianos se prolongaron hasta los inicios del siglo IV y aunque las persecuciones no fueron continuas y los creyentes gozaron de libertad y paz durante largos períodos, hasta el año 313 en que el emperador Constantino publicó el Edicto de Milán, los cristianos vivieron siempre atemorizados, temiendo por sus vidas (una de las mártires de ésta época es Eulalia de Mérida, cuya vida se encuentra en documento aparte).

            Después, a partir del Edicto de Milán, la Iglesia pasó de ser perseguida a ser protegida por las autoridades romanas y con esto se promulgaron nuevas leyes que favorecían al cristianismo.

            En el año 380, el emperador Teodosio el Grande, declaró el cristianismo como religión oficial. Estos hechos provocaron en la Iglesia y la sociedad consecuencias negativas y consecuencias positivas.

 

            La conversión de los pueblos germánicos (siglos V-VII)

Al iniciarse el siglo V, los pueblos germánicos, llamados también bárbaros por su escasa cultura, invadieron gran parte del imperio Romano de Occidente al ser empujados por los hunos, un pueblo asiático y destructor. Los pueblos germánicos más importantes eran los francos, los visigodos y los vándalos.

Al principio los pueblos germánicos eran gente ruda y analfabeta, practicaban artes mágicas y brujería. De ahí que en muy poco tiempo, todos estos pueblos se hicieran cristianos.

La vida monástica

La vida monástica consistía en:

*Convivir en un mismo edificio

*Someterse a la obediencia de un superior elegido por ellos, llamado Abad que significa "padre de todos".

*Todo era de todos.

*Dedicaban su tiempo a la oración, al estudio y al trabajo, con el que se ganaban la vida.

Las personas que lo practican son los monjes y los edificios donde viven se llaman monasterios.

 

Europa cristiana (siglos VII-XV)

Los reinos cristianos de Europa no eran Estados tal como ahora nosotros los entendemos. Estaban formados por una multitud de señores que tenían el dominio de un territorio, y establecían pactos entre ellos y también con el rey. Eran los señores feudales.

Esta situación creó graves problemas a la Iglesia:

*Reyes y señores feudales construían Iglesias y monasterios, y elegían a personas, a veces indignas, para regirlos.

*Obispos y abades disponían de grandes posesiones y actuaban como señores feudales.

 

La Iglesia en la Edad Moderna (siglos XV-XVII)

            La Iglesia inicia la Edad Moderna, consciente de la necesidad de reformarse profundamente.

            La reforma luterana provoca la división de los cristianos. La Reforma católica renueva la Iglesia.

            Es en esta época cuando el Evangelio de Jesús llega a todos los continentes.

Los intelectuales Europeos, querían saber todo lo que había hecho el ser humano en épocas anteriores y se iniciaron en la búsqueda del saber antiguo. De esta forma renacían las ideas y las costumbres del mundo griego y romano. Este movimiento se conoce como el renacimiento. Una de las características del Renacimiento es su interés por la persona.

Esta corriente de pensamiento centrada en el ser humano se llama humanismo.

Más tarde la Iglesia sufre muchas reformas.

 

La Reforma protestante (siglo XVI)

            En la reforma protestante, existían una serie de doctrinas contrarias a la fe católica. Las más importantes son:

            *Rechazaban la autoridad del Papa. 

*Proponían la Iglesia nacional, es decir, propugnaba la autonomía de la Iglesia de cada nación, prescindiendo del Papa.

*Explicaban que, para salvarse, solo era necesaria la fe, y no influían las obras buenas que las personas podían hacer o no.

*Defendían la libre interpretación de la Biblia, prescindiendo de la tradición y el Magisterio de la Iglesia.

*Aceptaba sólo tres sacramentos: el Bautismo, la Eucaristía y el Perdón, pero con una interpretación diferente a la de la Iglesia.

 

EXISTENCIA HITÓRICA DE JESUS DE NAZARET

 

Hablar de Jesucristo es hablar de la esencia misma del Cristianismo. El Cristianismo implica principios filosóficos, pero no es filosofía; contiene principios éticos, pero no es una ética; posee principios sociales, pero no es un movimiento social. El Cristianismo es Cristo conocido, creído, amado, seguido y transmitido.

La historia, no sólo cristiana, sino también pagana, da testimonio de que Jesucristo realmente existió. Es de coherencia humana aceptar los hechos históricos. El seguir la doctrina y el mensaje de Jesús ya requiere, por una parte, fe y, por otra, voluntad de aceptación.

Jesucristo no es un mito. Existió realmente. ¿Existen algunos documentos históricos sobre Jesús de Nazaret?

Escritores paganos:

A principios del siglo II se habla de los llamados "cristianos", como aquellos que profesan la fe en Cristo, considerado como Dios.

Así la carta que el historiador Plinio el Joven, procónsul de Bitinia, escribe en el año 112 al emperador Trajano que "los cristianos se reúnen un día determinado antes de romper el alba y entonan un himno a Cristo como a un dios"13 .

Está también Tácito que en sus Anales, hacia el año 115, habla del gran incendio de Roma, atribuido a Nerón en el 64, que culpaba a los cristianos de todo. Aquí está el texto: "Para hacer cesar esta voz, presentó como reos y atormentó con penas refinadas a aquellos que, despreciados por sus abominaciones, eran conocidos por el vulgo con el nombre de cristianos. Este nombre les venía de Cristo, el cual, bajo el reino de Tiberio, fue condenado a muerte por el procurador Poncio Pilato. Esta condena suprimió, en sus principios, la perniciosa superstición, pero luego surgió de nuevo no sólo en Judea, donde el mal había tenido su origen, sino también en Roma, a donde confluye todo lo abominable y deshonroso y donde encuentra secuaces" (15, 44)14

Suetonio, historiador del año 120, refiere que el emperador Claudio "expulsó de Roma a los judíos por promover incesantes alborotos a instigación de un tal Cristo"15 .

Escritores judíos:

Flavio Josefo, historiador judío, en sus Antigüedades judías, escritas hacia el año 93-94, refiere que el "sumo sacerdote Anano acusó de transgredir la ley al hermano de Jesús (que es llamado Cristo), por nombre Santiago, y también a algunos otros, haciéndoles lapidar" (Antiquitates XX, 9, 1). Más explícito es otro pasaje: "Por aquel mismo tiempo apareció Jesús, hombre sabio, si es lícito llamarle hombre; puez hizo cosas maravillosas, fue el maestro de los hombres que anhelan la verdad, atrayendo hacia sí a muchos judíos y a muchos gentiles. Él era el Cristo. Y, como Pilato le hiciera crucificar por acusaciones de las primeras figuras de nuestro pueblo, no por eso dejaron de amarle los que le habían amado antes: pues Él se les apareció resucitado al tercer día después que los divinos profetas habían predicho de él estas cosas y otros muchos prodigios sobre su persona. Hasta hoy dura la estirpe de los cristianos, que tomaron de Él su nombre" (Antiquitates XVIII, 3, 3)

ANEXO I

Edicto de Milán de libertad para el cristianismo (año 313, promulgado por Licinio y Constantino)

El Edicto de Milán nos ha llegado por una carta  que escribieron los Emperadores a los gobernadores provinciales.

Nos, los emperadores Constantino y Licinio, habiéndonos reunido felizmente en Milán, y puesto en orden las cosas que pertenecen al bien común y ala seguridad pública, juzgamos que, entre las cosas que han de beneficiar a todos los hombres, o que deben ser primero solucionadas, una de ellas es la observancia de la religión; debemos, por consiguiente, dar, así a los cristianos como a todos los otros, libre oportunidad para profesar la religión que cada uno desee para que por este medio, cualquiera que sea la divinidad entronizada en los cielos, pueda ser benigna y propicia con nosotros y con todos los que han sido puestos bajo nuestra autoridad. Por lo tanto, pensamos que la siguiente decisión está de acuerdo con una sana y verdadera razón: que nadie que haya aceptado la creencia cristiana o cualquiera otra que parezca ser la más conveniente para él, sea obligado a negar su convicción, para que así la Suprema Divinidad, cuyo culto observamos libremente, pueda asistirnos en todas las cosas con su deseado favor y benevolencia. Por cuyo motivo es necesario que V. E. sepa que es nuestra voluntad que todas las restricciones publicadas hasta ahora en relación a la secta de los cristianos, sean abolidas, y que cada uno de ellos que profese sinceramente la religión cristiana, trate con empeño en practicar sus preceptos sin temor o peligro. Creemos que debemos llamaros la atención sobre esto para que sepáis que hemos dado a los cristianos permiso libre e incondicional para que profesen su religión. Ahora que ya sabéis lo que les hemos otorgado, V E. también debe saber que por la conservación de la paz en nuestros días, hemos concedido a los otros el mismo derecho público y libre para practicar sus creencias o culto, para que de esta manera cada uno pueda tener libre ocasión para rendir adoración según su propio deseo. Hemos obrado así para que no parezca que favorecemos a una religión más que a otra. Además, hemos decidido decretar lo siguiente en relación a los cristianos: si los lugares en los cuales acostumbraban a reunirse en tiempos pasados (sobre los cuales ya hemos dado en otras circulares reglas definitivas en cuanto al modo de proceder para que os sirvan de guía) han sido adquiridos en cualquier otro tiempo por nuestro tesoro o por persona privada, que dichas personas se muestren dispuestas, sin ambigüedades o de mala gana, a devolverlos a los cristianos sin esperar recompensa pecuniaria o por un precio. Igualmente, los que hayan adquirido, en calidad de regalo, propiedad de esa naturaleza, que la tornen a los cristianos. Si los que han comprado tal propiedad o la han recibido como presente, quieren ser compensados por nuestra benevolencia, que vayan al vicario, el cual presentará el caso a nuestra clemencia. Habéis de considerar como vuestro deber el que todas estas cosas sean entregadas, por vuestra intervención, a la comunidad cristiana inmediatamente y sin demora alguna. Y puesto que es de conocimiento público que los dichos cristianos han poseído no solo esos lugares donde tenían la obligación de congregarse, sino también otros que pertenecían a la ley de su cuerpo, es decir, de las iglesias, no de personas privadas, mandaréis, de acuerdo con la ley que hemos descrito, la devolución de todas esas posesiones a los dichos cristianos, es decir, a sus cuerpos y asambleas, sin dudar y sin porfiar. Se ha de tener en cuenta nuestra declaración anterior de que los que devuelvan estos bienes sin ponerles un precio, pueden esperar, según hemos dicho, alguna compensación de nuestra benevolencia. Debéis mostrar suma diligencia en este asunto tocante al dicho cuerpo cristiano, para que nuestro edicto se lleve a la práctica con toda celeridad, en el cual también se han tenido en cuenta por nuestra clemencia los intereses de la tranquilidad pública. Que todo esto se cumpla para que, según ya hemos mencionado antes, el favor divino, cuya presencia hemos experimentado en tantas ocasiones, continúe bendiciendo siempre a nuestros sucesores con bienestar público. Para que lo dispuesto por esta nuestra perpetua benevolencia pueda llegar a conocimiento de todos, sería conveniente que hicieras llegar a todas partes y pusieras a la consideración de todos estos puntos, para que así el decreto de nuestra benevolencia no sea ignorado.

.ANEZO II

Las Cruzadas

 

1. Introducción

Fueron expediciones militares realizadas por los cristianos de Europa occidental, normalmente a petición del Papa, que comenzaron en 1095 y cuyo objetivo era recuperar Jerusalén y otros lugares de peregrinación en Palestina, en el territorio conocido por los cristianos como Tierra Santa, que estaban bajo control de los musulmanes. Los historiadores no se ponen de acuerdo respecto a su finalización, y han propuesto fechas que van desde 1270 hasta incluso 1798, cuando Napoleón I conquistó Malta a los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, una orden militar establecida en esa isla durante las Cruzadas. El vocablo cruzada (de ‘cruz', el emblema de los cruzados) se aplicó también, especialmente en el siglo XIII, a las guerras contra los pueblos paganos, contra los herejes cristianos y contra los enemigos políticos del Papado. Por extensión, el término se emplea para describir cualquier guerra religiosa o política y, en ocasiones, cualquier movimiento político o moral. Así, en España, los alzados contra el gobierno republicano en 1936 pronto denominaron a la guerra iniciada por ellos mismos (1936-1939) Cruzada, por considerar que su objetivo era vencer el ateísmo.

 

2. Contexto Histórico

El origen de las Cruzadas está enraizado en el cataclismo político que resultó de la expansión de los Selyúcidas en el Próximo Oriente a mediados del siglo XI. La conquista de Siria y Palestina llevada a cabo por los Selyúcidas islámicos alarmó a los cristianos de occidente. Otros invasores turcos también penetraron profundamente en el igualmente cristiano Imperio bizantino y sometieron a griegos, sirios y armenios cristianos a su soberanía. Las Cruzadas fueron, en parte, una reacción a todos estos sucesos. También fueron el resultado de la ambición de unos papas que buscaron ampliar su poder político y religioso. Los ejércitos cruzados fueron, en cierto sentido, el brazo armado de la política papal.

En un esfuerzo por entender por qué los cruzados las llevaron a cabo, los historiadores han apuntado como razones el dramático crecimiento de la población europea y la actividad comercial entre los siglos XII y XIV. Las Cruzadas, por tanto, se explican como el medio de encontrar un amplio espacio donde acomodar parte de esa población en crecimiento; y como el medio de dar salida a las ambiciones de nobles y caballeros, ávidos de tierras. Las expediciones ofrecían, como se ha señalado, ricas oportunidades comerciales a los mercaderes de las pujantes ciudades de occidente, particularmente a las ciudades italianas de Génova, Pisa y Venecia.

Aunque estas explicaciones acerca de las Cruzadas quizá tengan alguna validez, los avances en la investigación sobre el tema indican que los cruzados no pensaron encontrarse con los peligros de enfermedades, las largas marchas terrestres y la posibilidad de morir en combate en tierras lejanas. Las familias que quedaron en Europa tuvieron que combatir en muchas ocasiones durante largos periodos de tiempo para mantener sus granjas y sus posesiones. La idea de que los cruzados obtuvieron grandes riquezas es cada vez más difícil de justificar; la Cruzada fue un asunto extremadamente caro para un caballero que tuviera el propósito de actuar en Oriente si se costeaba por sí mismo la expedición, ya que probablemente le suponía un gasto equivalente a cuatro veces sus ingresos anuales.

Sin embargo, a pesar de ser una empresa peligrosa, cara y que no daba beneficios, las Cruzadas tuvieron un amplio atractivo para la sociedad contemporánea. Su popularidad se cimentó en la comprensión de la sociedad que apoyó este fenómeno. Era una sociedad de creyentes, y muchos cruzados estaban convencidos de que su participación en la lucha contra los infieles les garantizaría su salvación espiritual. También era una sociedad militarista, en la que las esperanzas y las ambiciones estaban asociadas con hazañas militares.

 

 

 

 

3. La conquista de Jerusalén

Los cruzados permanecieron descansando en Antioquía el resto del verano, y a finales del mes de noviembre de 1098 iniciaron el último tramo de su viaje. Evitaron atacar las ciudades y fortificaciones con el fin de conservar intactas sus tropas. En mayo de 1099 llegaron a las fronteras septentrionales de Palestina y al atardecer del 7 de junio acamparon a la vista de las murallas de Jerusalén.

La ciudad estaba por aquel entonces bajo control egipcio; sus defensores eran numerosos y estaban bien preparados para resistir un sitio. Los cruzados atacaron con la ayuda de refuerzos llegados de Génova y con unas recién construidas máquinas de asedio. El 15 de julio tomaron por asalto Jerusalén y masacraron a casi todos sus habitantes. Según la concepción de los cruzados, la ciudad quedó purificada con la sangre de los infieles.

Una semana más tarde el ejército eligió a uno de sus jefes, Godofredo de Bouillon, duque de la Baja Lorena, como gobernante de la ciudad. Bajo su liderazgo, los cruzados realizaron su última campaña militar y derrotaron a un ejército egipcio en Ascalón (ahora Ashqelon, Israel) el 12 de agosto. No mucho más tarde, la mayoría de los cruzados regresó a Europa, dejando a Godofredo y un pequeño retén de la fuerza original para organizar y establecer el gobierno y el control latino (o europeo occidental) sobre los territorios conquistados.

 

4. El apogeo del poderío latino en el oriente

Tras la conclusión de la primera Cruzada los colonos europeos en el Levante establecieron cuatro estados, el más grande y poderoso de los cuales fue el reino latino de Jerusalén. Al norte de este reino, en la costa de Siria, se encontraba el pequeño condado de Trípoli. Más allá de Trípoli estaba el principado de Antioquía, situado en el valle del Orontes. Más al este aparecía el condado de Edesa (ahora Urfa, Turquía), poblado en gran medida por cristianos armenios.

Los logros de la primera Cruzada se debieron en gran medida al aislamiento y relativa debilidad de los musulmanes. Sin embargo, la generación posterior a esta Cruzada contempló el inicio de la reunificación musulmana en el Próximo Oriente bajo el liderazgo de Imad al-Din Zangi, gobernante de Mosul y Halab (actualmente en el norte de Siria). Bajo el mando de Zangi, las tropas musulmanas obtuvieron su primera gran victoria contra los cruzados al tomar la ciudad de Edesa en 1144, tras lo cual desmantelaron sistemáticamente el Estado cruzado en la región.

La respuesta del Papado a estos sucesos fue proclamar la segunda Cruzada a finales de 1145. La nueva convocatoria atrajo a numerosos expedicionarios, entre los cuales destacaron el rey de Francia Luis VII y el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Conrado III. El ejército germano de Conrado partió de Nuremberg (en la actual Alemania) en mayo de 1147 rumbo a Jerusalén. Las tropas francesas marcharon un mes más tarde. Cerca de Dorilea las tropas germanas fueron puestas en fuga por una emboscada turca. Desmoralizados y atemorizados, la mayor parte de los soldados y peregrinos regresó a Europa. El ejército francés permaneció más tiempo, pero su destino no fue mucho mejor y sólo una parte de la expedición original llegó a Jerusalén en 1148. Tras deliberar con el rey Balduino III de Jerusalén y sus nobles, los cruzados decidieron atacar Damasco en julio. La fuerza expedicionaria no pudo tomar la ciudad y, muy poco más tarde de este ataque infructuoso, el rey francés y lo que quedaba de su ejército regresaron a su país.

 

 

Consecuencias De Las Cruzadas 

La expulsión de los latinos de Tierra Santa no puso fin a los esfuerzos de los cruzados, pero la respuesta de los reyes europeos y de la nobleza a nuevas convocatorias de Cruzadas fue débil, y las posteriores expediciones se llevaron a cabo sin ningún éxito. Dos siglos de Cruzadas habían dejado poca huella en Siria y Palestina, salvo numerosas iglesias, fortificaciones y una serie de impresionantes castillos, como los de Marqab, en la costa de Siria, Montreal, en la Transjordania, el krak de los Caballeros, cerca de Trípoli y Monfort, cerca de Haifa (Israel). Los efectos de las Cruzadas se dejaron sentir principalmente en Europa, no en el Próximo Oriente. Los cruzados habían apuntalado el comercio de las ciudades italianas, habían generado un interés por la exploración del Oriente y habían establecido mercados comerciales de duradera importancia. Los experimentos del Papado y de los monarcas europeos para obtener los recursos monetarios para financiar las Cruzadas condujeron al desarrollo de sistemas de impuestos directos de tipo general, que tuvieron consecuencias a largo plazo para la estructura fiscal de los estados europeos. Aunque los estados latinos en el Oriente tuvieron una corta vida, la experiencia de los cruzados estableció unos mecanismos que generaciones posteriores de europeos usarían y mejorarían, al colonizar los territorios descubiertos por los exploradores de los siglos XV y XVI.

 

• Primera cruzada: decidida en el concilio de Clermont por el Papa Urbano II, dio como resultado la conquista de Jerusalén y la creación de un reino francés en Palestina (1095 -1099).

• Segunda cruzada: se emprendió para auxiliar a los franceses de Palestina amenazados en Jerusalén. Dio como resultado el inútil asedio de Damasco (1147 -1149).

• Tercera cruzada: fue provocada por la toma de Jerusalén por el sultán egipcio Saladino (1189 -1192).

• Cuarta cruzada: fue organizada por los señores franceses y venecianos, dando como resultado la toma de Constantinopla, la destrucción del imperio griego y la creación de un imperio latino que duró casi medio siglo (1202 -1204).

• Quinta cruzada: dirigida por el señor francés Juan de Brienne y el rey de Hungría. No dio ningún resultado (1218 -1221).

• Sexta cruzada: tuvo la particularidad de que el jefe de la expedición estaba excomulgado, y en vez de atacar a los musulmanes negoció con ellos, obteniendo que los peregrinos pudiesen visitar Jerusalén (1228 -1229).

• Séptima cruzada: tenía por objetivo Egipto, centro de un poderoso estado musulmán, pero los cruzados fueron sorprendidos por una crecida del Nilo, diezmados por una epidemia y atacados por los musulmanes, por lo que debieron rendirse (1248 -1251).

• Octava cruzada: también llamada cruzada de Túnez, terminó con la muerte de Luis de Francia (más tarde San Luis), víctima de la peste (1270 ).

 

Los Templarios.

La Orden del Temple fue fundada en 1118, para asegurar la custodia de los Santos Lugares, y proteger las rutas de Peregrinacíon. La Orden alcanzó su máimo esplendor en el siglo XIII.

Los caballeros de Dios, hora de la Iglesia y la Cristiandad.

Su lema tanto para entrar en combate, como para inciar cualquier accíon de ayuda al prójimo era: NON NOBIS, DOMINE, NON NOBIS, SED TUONOMINI DA GLORIAM.

"Da Gloria, no para nosostros, Señor, no para nosotros, sino para tu nombre".

Era una fuerza militar muy bien organizada y formban las fuerzas de chequq en toda las Cruzadas. En el ataque estaban en vanguardia y en las retiradas, en la retaguardia. Durante un siglo aseguraron el gobierno efectivo del Reino Latino de Constantinpla. No pagaban impuestos, tributo ni peaje, solo obedecian al Papa y tenian posesiones en toda Europa y Oriente Medio...

 

La cruzada de los pobres 

El llamamiento de Urbano II produjo dos consecuencias inmediatas: por un lado la organización, a cargo de la nobleza, de una expedición oficial a Tierra Santa; por otro, el movimiento espontáneo del pueblo, de hombres y mujeres anónimos que, entusiasmados por las promesas papales, se pusieron bajo el mando de Pedro el Ermitaño, para que éste guiara la cruzada popular. Si bien no hay constancia de que Pedro hubiese estado presente en el llamamiento oficial de Urbano en Clermont, lo cierto es que antes de que acabara 1095 ya andaba predicando por pueblos y zonas campesinas de Francia la necesidad de la cruzada. Hombre extraño, Pedro llevaba una vida casi de mendigo: vivía de la caridad pública, vestía sucios harapos, mientras que insistía en que el segundo advenimiento del Redentor se hallaba próximo. Los pobres, profundamente imbuidos de sentimiento religioso, veían en él a un visionario; su aspecto paupérrimo contribuía a crearle la aureola de santidad que lo rodeaba. Sus discursos encendidos y pasionales, despertaban el entusiasmo general. 

A tenor de la proclama de Urbano, se lanzó a reclutar gente, sobre todo siervos, a fin de llevarlos en calidad de jefe hacia Jerusalén. Después de atravesar Francia se encaminó a Alemania, enviando discípulos hacia los lugares que él no podía visitar. Pronto comenzó a seguirlo una multitud harapienta calculada en cincuenta mil personas.

La multitud recorrió en pesados y sucios carromatos los intransitables caminos de Europa medieval. Su objetivo era Constantinopla, como paso previo para llegar al Santo Sepulcro. En tan extenuante marcha, Pedro continuaba predicando; su ejército se veía por dicho motivo constantemente engrosado por nuevos campesinos, caballeros empobrecidos, bandoleros y criminales. En Alemania se le sumaron algunos señores. Camino de Oriente, cometieron todo tipo de atrocidades, obsesionados por la idea matar infieles y por la necesidad de alimentarse. Finalmente, enfermedades diversas y el cansancio de una travesía interminable produjeron los explicables estragos. Tan sólo un número reducido de astrosos cruzados llegó a Constantinopla a finales del verano de 1096. Allí se embarcaron con rumbo a Asia Menor donde, después de varias batallas, fueron aniquilados por los turcos. De Pedro el Ermitaño, generador y conductor de esta cruzada de los pobres,  no se tuvieron más noticias.

 

LA CRUZADA DE LOS NIÑOS

En 1212 dos jovencitos afirmaron ser depositarios de un mandato divino: organizar una cruzada de niños para reconquistar los Santos Lugares. El primero de ellos, Nicolás, partió desde Colonia y fue pronunciando arengas por los pueblos hasta reunir unos veinte mil muchachos, todos dispuestos a seguirlo para cumplir con la supuesta orden de Dios. Así atravesaron los Alpes, en un penoso intento por llegar a Génova donde esperaban embarcarse rumbo a Palestina. Muchos murieron de hambre y frío, pero otros lograron su cometido aunque en la ciudad italiana fueron disuadidos por el propio papa. Algunos optaron por regresar a sus lugares de partida y otros prefirieron quedarse trabajando en Italia, desempeñando los hombres los más diversos oficios y las muchachas entrando en prostíbulos.

El otro niño que declaró haber sido ungido por Dios fue el francés Esteban. Con similares procedimientos a los utilizados por Nicolás, logró reunir un contingente de treinta mil jóvenes que se encaminaron hacia Marsella, cruzando Provenza. En la ciudad portuaria esperaban que las aguas se separaran para que ellos pudieran cruzar. Cuando el milagro no ocurrió, buscaron ser transportados en barcos.  Mercaderes  sin escrúpulos prometieron llevarlos a su destino, pero en realidad cambiaron de rumbo y los vendieron como esclavos en el Norte de África y en Egipto.

 

 

 

 

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