Blogia
No podemos callar lo que hemos visto y oído. (Hch. 4, 20)

Por dentro

¿La existencia?

¿La existencia?

Para algunas personas, la existencia del ser humano está limitada a un continuo acontecer de sucesos que, llegado el día menos pensado, concluyen en el último adiós. Para otras personas, la existencia es una limitación finita de nuestras potencialidades futuras, es decir, es un trascurso de la persona, un devenir entre dos mundos. Aún están los que piensan que la existencia se corresponde con un retornar continuo, o lo que es lo mismo, un divagar del alma encarcelada en diversos estados materiales, buscando siempre la reencarnación futura, el anhelo de la perfección que liberará a esa alma de las cadenas de lo material. Los poetas encambio, la ven con ese toque romántico, ilusorio; donde lo único importante es el sentimiento, la capacidad del pensamiento fijado en lo sentimental. El historiador, la obseva desde la más pura objetividad, no buscando en ella nunca la interpretación subjetiva, sino más bien, la explicación del presente desde el acontecer pasado y, la intuición del futuro desde la acción del momento. No podemos olvidar los que, basados un poco en todas estas teorías, concluye la existencia como la posibilidad de redención, es decir, la opción entre salvación o condenación eterna. La verdad es que me asusta un poco cada vez que pienso que, para mí, la existencia, es tan solo el tú, el yo, el aquí, el ahora y Dios (y cada uno que le ponga a éste último el nombre que quiera...)

¿Estás preparado...?

¿Estás preparado...?

 

Y ahora llegarán las críticas. No importa, porque en esta vida lo bueno es poder acostarte todas las noches, sabiendo que has hecho lo que creías que debías de hacer. El otro día alguien me dijo: ¿tú sabes lo que se te viene encima?; mi primera reacción fue la sorpresa, pues no sabía a lo que se refería; mi segunda reacción la risa, al saber que se estaba refiriendo a las seguras críticas por parte de la gente; que por lo general serán aquellos que apenas me conocen, que no saben ni que cara tengo, que me odian por Dios sabe qué, o que se pasan su vida alardeando de falsa modernidad, o que van de “buenos”… (¿cómo me va importar lo que piensen esos?)

No miento si digo que nunca me han importado, NUNCA. Me ha importado la mentira y la falacia, las falsas acusaciones por ser eso, falsas. Resulta sorprendente como tememos a ser felices cuando vivimos de lo que los demás puedan pensar de nosotros. Pero más sorprendente resulta ver como una persona puede pasar de ser “estupenda y buena” un día, para convertirse en “mala y motivo de escándalo” al día siguiente, tan solo por intentar vivir su vida con coherencia.

Durante estos años no he intentado hacer daño a nadie, o por lo menos intencionadamente, es más, me queda la satisfacción de saber que he intentado estar para los que me necesitaban y cuando me necesitaban. Seguro que me he equivocado muchas veces, pero nunca de forma intencionada. He procurado amar a los demás como Dios, en quien creía y creo, me ama a mí, esto es: intentando entenderlos. Y os puedo asegurar que a partir de ahora lo seguiré haciendo.

Digo que posiblemente haya cometido muchos errores, seguro y no lo dudo. Pero no he cometido otros que siempre habrá quien quiera cargar sobre mí.

La pena, es que los que se dedican a criticar, a llevar y traer con malicia, suelen ser los que no pueden soportar los problemas de sus propias vidas, y necesitan ver e inventar sobre los demás para buscar su falso consuelo. Pobres, esos sí que necesitan de compasión. Sobre todo si tenemos presente las palabras de Jesús de Nazaret: “la medida que uséis con los demás, se usará con vosotros”.

A mis amigos me gustaría decirles hoy: no me defendáis, no lo necesito. Os necesito a vosotros, pero no vuestra defensa. La vida y la experiencia me han enseñado que, quien se dedica a ir de aquí para allá dando explicaciones, intentado quedar como bueno y convencer, o buscando la lástima de los demás, suele ser quien esconde la verdad. Yo no necesito la defensa humana, al final cada cual queda por quien es; y por mucha “basura” que se pueda verter sobre mí, quien me conoce sabe quién soy y como soy.

A los que se consideran mis enemigos: tranquilos, he sufrido vuestras persecuciones y maledicencias con dignidad, no me he defendido; no lo voy a hacer ahora y vuestros secretos, esos que podrían descubrir realmente quienes sois, están a salvo. No los he utilizado hasta ahora y no lo haré nunca.

A los que he considerado mis amigos: algunos compañeros, otros amigos. Lo que realmente me duele, es haber depositado en vosotros un amor que habéis utilizado para reíros de mí, para venderme al mejor postor. Solo os puedo decir una cosa, cuando me necesitéis, me encontrareis; pero por favor, no se lo hagáis a nadie más, es doloroso, muy doloroso. Estoy tranquilo y preparado, ya podéis empezar a criticarme, tengo claro que solo a Dios he rendir cuentas, y que Él sí que conoce perfectamente lo que hay en mí. Pero no olvidéis, que también conoce lo que hay en vosotros.

Ahora serán muchos los que me dejen de lado, me imagino. Eso es bueno, es la manera de saber quien merece realmente la pena. Otros me llamaran, posiblemente, hipócrita; que lo hagan, pero el hipócrita no es el que actúa según su conciencia, sino que su conciencia la pone en la lengua y el que dirán de los demás y vive su vida como un absurdo por el vulgo.

Criticadme y juzgadme todo lo que queráis, pero a mí por favor, no a las personas de mí alrededor, hacedlo conmigo, solo conmigo.

Me gustaría decir muchas otras cosas hoy, pero creo que me las guardaré para otros momentos y para aquellos que deseen leerlas.

Ahora contesto a la pregunta de mi amigo: ¿estás preparado para lo que se te viene encima?; si, estoy preparado, porque CREO EN DIOS, he estado al servicio de la Iglesia y de los demás y seguiré estándolo siempre que la Iglesia o los demás me necesiten, sigo siendo la misma persona, creyendo en lo mismo que creía,  y sé muy bien que “AL FINAL DE LA VIDA, SEREMOS EXAMINADOS ÚNICAMENTE DEL AMOR”. (Este es mi primer capítulo, habrá más...)

 

La curiosidad

Que curisas resultan las contradicciones. Puedes reir mientras estas destrozado, y estar destrozado mientras ries. La blafemia es lo peor que podemos encontrar en nuestra vida, cuando le damos credibilidad a un bulo sin tan siquiera pensar en la persona que es objeto del mismo. La peor de las cruces de nuestro tiempo es precisamente el chismorreo y el bulo; hacemos de suposiciones afirmaciones, de intuiciones realidades objetivas, sin darnos cuenta de lo peligroso que puede llegar a ser, puesto que tras cada una de nuestras "suposiciones" hay personas que pueden sufrir el mayor tormento posible. Pedir perdón es sano, pero pedirlo cuando se tiene por qué. Dios es el único juez que conoce hasta lo más profundo de nuestro corazón, y a él si que tendremos que rendir cuentas sin escusa alguna. A Él tendremos que explicarle porque crucificamos a aquella persona sin tan siquiera concederle la presunción de inocencia. Jesús de Nazaret tubo que sufrir éstas críticas guardando silencio, sin rechistar, "como cordero llevado al matadero"; y quizá la historia se repita cada segundo, quizá siga habiendo en nuestro entorno muchos "Jesús" crucificados con los clavos de nuestra lengua, azotados con el látigo de nuestra frialdad y traspasados por la lanza de nuestra "justicia". Pero cuidado, el juicio se puede volver contra tí; no esperes clemencia o comprensión de los demás cuando tú no la has tenido con ellos; no esperes que los demás te den un voto de confianza cuando tú has sido incapaz tan siquiera de escuchar. No esperes, en definitiva, que saldras absuelto de la crítica, pues tarde o temprano, quien critica es criticado. ¿Qué sabes tú de la historia de los demás para alzarte como juez?. No olvidar la sentencia de Cristo es fundamental: "el juicio que uséis con los demás se usará con vosotros". Lo mejor es disculpar sin límites, poner en tela de juicio esa "información basura" que ha llegado hasta nuestros oidos; quien disculpa sin límites está viviendo el mandamiento fundamental del cristianismo: el amor. San Pablo lo dice con mucha claridad en su carta a los corintios: "el amor...", no era santo cuando escribió esa carta, era uno más, como tú y como yo, o mejor dicho, era algo mejor que tu y yo, porque Pablo de Tarso era "un hombre justo". Un hombre que comenzó por reconocer que no era el paradigma de la perfección, lo cuál le permitió no juzgar, pues no saberse perfecto es el inicio del auténtico aroma del Amor. Si llega a tu lengua un tal o cual, piensa bien lo que dices y lo que piensas, no olvides que el Dios del Amor, te juzgará de Amor. El reo de tu juicio podrá guardar silencio, o vivir ajeno a tus críticas, pero el Juez Supremo no. Dice el refrán que quien caya otorga; no es cierto, en ocasiones el silencio es la única arma de la paz interior. El hombre justo se mide por sus palabras y pensamientos, no por su categoria social ni por su capacidad de análisis. Mi abuelo me enseñó una vez que el hombre sabio es el que conoce sus límites y sabe de lo que es capaz y de lo que no. Aquel día yo aprendí muchas cosas, entre otras que soy capaz de crucificar a quien se ponga por delante (como vulgarmente decimos), y aquel día comprendí que sería una persona muy criticada en tanto en cuanto decidiese que solo a Dios he de dar explicaciones, y Él ya las conoce. Todos cometemos errores en esta vida, eso no es lo malo; lo terrible es cuando te señalan como autor de errores que nada tienen que ver contigo; entonces ves venir los clavos sin poder hacer nada, sientes el peso del madero en tus hombros sin explicarte por qué; espero que nunca tengas que sentir eso, o mejor dicho, si no quieres sentirlo, no carges tú de cruces a otros. Vivir amando (aunque ello implique sufrimiento), es lo mejor; es la forma egoísta de asegurar un juicio de Amor. La verdad es que me gustaría despertar una mañana y sentir que este mundo y sus gentes viven desde aquí, hoy no ha sido así, ¿será mañana?; esa esperanza me queda. Querido lector, espero no juzgarte nunca, sólo escucharte. Espero no crucificarte nunca, sólo amarte. No necesitas dar explicaciones, justificaciones; sólo necesitas pintar una sonrisa en tus labios y decir con el corazón abierto: Dios sabe la verdad, nada me importan los demás.

¿Elegir?

 

A veces en la vida hay que tomar decisiones, pero esas decisiones nunca tienen que turbar nuestra paz, porque si turban nuestro corazón, la decisión será siempre equivocada. Pensamos que tomar una decisión es decir si o no a algo, y no es así. Una decesión es la consecución de nuestra coherencia en la vida, por lo que no tenemos nada más que hacer que saber si esa decisión nos hace felices o no. Cuentan que una vez un niño quiso coger una fruta muy bonita de un árbol muy viejo. Alguien le dijo que si cojía esa fruta el árbol moriria. El niño estubo pensando mucho rato, no sabía que hacer. Pensó que, por un lado, si cogía la fruta provocaría la muerte de aquel árbol; pero por otro pensó que si no lo hacia se quedaría con las ganas y que, posiblemente otro niño lo haría. Mientras estaba pensando, el árbol le hablo: querido niño, coje la fruta, porque si lo hace suavemente y con mucho amor, no me importará morir, pues la semilla de mi vida que es esta fruta, vivirá en tí. Todos tenemos que hacerlo; tenemos miedo a equivocarnos, pero olvidamos que eso no es lo realmente importante, equivocarse es lo de menos, lo fundamental es ser plenamente conscientes de lo que hacemos, de los que sabemos, de lo que buscamos, de lo que amamos. San Pablo nos habla del amor y nos dice al final: si no tengo amor, nada soy. Por eso, el amor es lo fundamental, es lo prioritario. Un amigo me enseñó una vez que nuestra vida no es más que el fruto de nuestra infelicidad o felicidad, que todo depende de como hayamos cogido el fruto del arbol viejo. No tengamos miedo a sentir, a amar, a decidir; los hombres nos condenaran o nos felicitarán, pero la vida la vivimos con nosotros mismos. El árbol viejo eres tú, la fruta es tu corazón; dejala vivir en los demás, no seas un tronco seco que pasa sus días esperando ser leña de una chimenea añorando sus errores; vive tus aciertos, aprende de tus equivocaciones que nunca serán tan grandes como para no poder ser perdonadas; es más, cuando te equivoques y alguien no te perdone, no te preocupes, si no es capaz de perdonarte es porque no es capaz de merecer tu amor. Dicen por ahí que solo se vive una vez, no estoy de acuerdo, se vive muchas veces, pues cada vez que nos despertamos, la vida comienza de nuevo, el sol vuelve a salir y la luna espera su impaciente su momento. Vive cada día como si fuese el último y el primero, cada instante como si fuese el primero y el último. Vive siendo feliz y darás felicidad. Recuerda: ¿Elegir?, ¿no te das cuenta de que en el mismo momento en que te lo preguntas ya lo has hecho?. No elijas tu la vida, deja que la vida te elija a ti.

 

Una pregunta al aire

Me gustaría que alguno de vosotros me contestáse a esta pregunta: ¿Por qué somos tan tontos que dejamos pasar las mejores oportunidades de nuestra vida, para pasar el resto de ella arrepintiéndonos?. Cada instante que vivimos és único, no se volverá a repetir jamas. Cada sol que nace, no volverá a nacer. Cada lágrima que derramamos, nunca volverá. Quizás no nos damos cuenta de que ésta vida en como un viaje en tren: vamos montados en el vagón, esperando que llegue nuestra estación. Fijate en aquellos que te rodean; son historias de vidas, son pasados y presentes. Si miras por la ventanilla verás como va pasando el mundo y, por mucho que lo desees, no puedes detenerlo. Tú vas en ese vagón, eres llevado, no llevas. Pero preguntate: ¿Quién te espera en la estación?; es esta la clave de nuestra vida, saber quien nos espera en aquella lejana estación, o quizás no te espere nadie. Mi tren es como el tuyo. Pero cada uno vemos un paisaje muy distinto, porque es nuestra mirada la recopilación de nuestras experiencias. Pero, ¿se hace dura la vida cuando viajas solo?; puede. Aunque lo peor es tener la certeza de que no habrá nadie en el andén con los brazos abiertos para recibirte. ¿Quién me responde a esta pregunta? ¿Quién se atreve?. No te preocupes, si nadie está en ese andén, yo estaré esperandote, dejame recibirte, abrazarte, tender mi mano sobre tus hombros para poder acariciarte. Dejame sentir tu respiración entrecortada, como si hubieses llegado corriendo. Pasa el tren, el tuyo y el mio. Yo ya se que nadie me esperará, por que yo soy el que tiene que esperar... aunque no te creas que yo no tengo miedo, también lo siento, pensado que hayas confundido la estación y cuando se abra esa puerta, no estés detrás para sentirte cerca...

Cualquier día, alguién se va...

cualquier día de estos se nos va la vida. que curioso, solo nos damos cuenta de lo que apreciamos a las personas cuando las perdemos. la pena es no disfrutarlas mientras la tenemos a nuestro lado, darnos cuenta cuando es su ausencia la que nos perturba. en el camino de la vida todos tenemos una meta final, una encrucijada en la que nos separamos inexorablemente. cuando llega ese momento toda nuestra existencia pasa por delante de nosotros como si fuese una película. en ese momento recordamos las ocasiones vividas, las alegrías compartidas y las penas conyevadas. quisieramos entonces recuperar tantos y tantos momentos en los que nos quedamos con la gana de estar con esas personas. yo ya llevo varios amigos que han llegado al cruce de caminos, y la verdad es que no te acotumbras nunca, piensas cuando llegará la tuya, y deseas en esos momentos que no se retrase mucho. yo creo en la resurrección, por eso no vivo mi muerte como un adios, sino como un descanso, como un momento de volver a encontrarte con aquellos a los que anhelas. ahora, cuando repaso a esas personas que ya no están me pregunto: ¿cuando podré yo también ir con ellas?. tengo 32 años, pero mi corazón anda un poco cansado, quizás necesite descansar. Sólo Dios sabe todo lo que hay dentro de mí, sólo él sabe lo que soy capaz de amar, de odiar, de olvidar, de pensar, de soñar... sólo él sabe quién soy en realidad, como soy en lo más profundo de mi ser. por eso la muerte puede que sea un verdadero descanso, estar con él, no tener que vivir en el esfuerzo, no tener que mendigar los sueños; en una palabra: ser yo de forma profunda. Con él no existen las apariencias, las percepciones, los que dirán. Con él solo existe la trasparencia y la paz. Mi oración, cada noche es la misma: El Señor me conceda una muerte santa y una noche tranquila. Cerrar los ojos pensando que los abriré para vivir en plenitud. No es que quiera morirme!, es que pienso en la muerte como dejar por fin descansar mi vida en las manos de Aquel que se que me ama. Es una suerte saber que Él no me juzga, no me condena, no me echa en cara mis infidelidades ni mis mil defectos; saber que Él sólo sabe ver lo bueno que hay en mí. De niño pensaba que cuando alguien moría, se convertía en una estrella. En la adolescencia me convencí de que la muerte es final de todo. Ahora, que me ha tocado vivir la separación de almas cercanas a la mía, pienso en la muerte como una fiesta, la fiesta que se les hace a los amigos a los que hace mucho tiempo que no ves. Juan, Raúl, Alberto, Ana, Raquel, Sonia, Fran, Alba, Pedro, Alfonso... y algunos otros que están ya de fiesta. Siento un poco de envida, no lo negaré, al pensar que todos ellos quizás aún hacian algo de falta aqui, y que yo podría haberme marchado en lugar de ellos. Todos ellos han dejado un gran vacio en mi; un vacio material. Pero es aún peor pensar en aquellos que estando vivos, no existen, aquellos para los que el que ha muerto eres tú. Noche destemplada cuando llegan los verdugos jubilosos. Historias que parecían no acabar nunca y que la distancia remató. No se gana la partida de la vida ni por guapos, ni por exitosos, ni por centros del universo; porque ésta partida no la ganamos nunca, es un eterno juego de estrategias, de sonrisas y sufrimientos, donde lo único importante es quien hayas elegido de compañero de juego, donde lo único doloroso es que tus compañeros de juego terminen antes que tu la partida; tener que seguir solo el juego, eso es realmente lo que nos da miedo de verdad. Seguir solos en la partida, o mejor dicho, sentir que juegas solo. Decimos que quien se marcha no regresa, pero, ¿nos hemos preguntado alguna vez si quieren regresar?. no lo olvidéis: VIVID CON LOS QUE TENEIS A VUESTRO LADO, VIVID CADA SEGUNDO COMO SI FUESE EL ÚLTIMO, DISFRUTAD CADA MIRADA COMO SI EL SOL SE FUESE A ESCONDER, CADA CARICIA COMO SI EL MAR LO CUBRIESE TODO, CADA INSTANTE COMO EL INICIO DE UN LARGO SUEÑO. VIVID Y DEJAOS VIVIR.