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No podemos callar lo que hemos visto y oído. (Hch. 4, 20)

Valores

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Los valores fundamentales del ser humano, no son los valores impulsados por una mayoría dominante. Lejos de eso, todo valor ha de pasar por el filtro la propia conciencia, dado que es así como realmente se descubre su certeza. Nadie puede alardear de ser solidario si el concepto de solidaridad no es algo que emana de su interior. Nadie puede decir que es comprensivo si sigue atado a los ancestrales tabúes de lo que huele a viejo. Una garantía de nuestros valores la encontramos en la tranquilidad de nuestra mente, es decir, cada uno sabe si está actuando bien o no; es algo intrínseco al propio ser humano. Por supuesto que hay que tener el oído bien abierto al baremo externo, pero en la interioridad ese baremo es solamente un referente, importante por supuesto, pero referente.

Me “encanta” ver a esas personas que se atreven a establecer valores universales desde lo subjetivo. Lo curioso es que normalmente su propia vida no tiene nada que ver con lo que intentan implantar a los demás. La libertad no es simplemente un concepto, es un estilo de existencia. Curiosas me resultan también esas otras personas que pasan por la vida dando lecciones de moral, de comportamiento, y de otras tantas cosas; cuando su quehacer diario dista mucho de su hablar cotidiano. Un ejemplo claro son algunos políticos, que nos hablan de la necesidad de “ajustar el cinturón” mientras su discurso es pronunciado en mesas bien cubiertas de referentes poco claros de humildad. Otro ejemplo podrían ser “algunos” eclesiásticos que discursean sobre lo importante que es no meter a la Iglesia en política, a la vez que preparan “manifestaciones” cuyo lema es solo una escusa para otros fines. Y el último ejemplo que podemos encontrar al pie de la calle: los que suelen pronunciar la famosa frase “yo tengo muchos amigos gays”, como si se tratase de objetos a mitad de precio que se compran en Ikea, a la vez que miran de reojo a aquellos cuya condición sexual es distinta marcando la suya como la obligatoria, claro que muchos de ellos son pobres de corazón que viven su condición sexual como una condena y lo que no pueden soportar es que otros la vivan con libertad. Los auténticos valores no entienden de discriminación, ni intentan imponerse, ni tan siquiera buscan la honra de los demás. Y no lo hacen porque conllevan en sí mismos la pura libertad y no necesitan el reconocimiento de nadie.

Es importante no perder de vista quienes somos, quienes éramos y quienes podemos llegar a ser. Es importante porque nuestra propia historia es la que va forjando nuestra vida presente y futura. Podemos encontrar grandes y auténticos ejemplos que nos sirvan de referente, pero curiosamente, los que lo son, nunca han buscado implantar nada en los demás, ni tan siquiera juzgar nada; ni ser ejemplo de nada. Quien busca ser ejemplo de algo, normalmente es ejemplo de lo contrario.

Muchos son los que desean convertirse en dioses. El auténtico Dios, solo desea ser cercano a las necesidades del ser humano, no busca juzgarlo. Para mí, Jesucristo no predica valores, los vive. Y para mí, Jesucristo está más en muchas personas humildes y sencillas que en grandes boatos hermosos por fuera y vacios de contenido.

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