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No podemos callar lo que hemos visto y oído. (Hch. 4, 20)

El dedo de Dios

Oscar Romero, sus últimas palabras poco antes de ser asesinado.

Oscar Romero

Oscar Romero

 

Romero es, todavía hoy, uno de esos personajes que impactan. Desde el más absoluto anonimato el 15 de octubre de 1974, fue nombrado obispo de la diócesis de Santiago de María en el departamento de Usulután. Ocupó esa sede durante dos años. El 3 de febrero de 1977, fue nombrado por el Papa Pablo VI como Arzobispo de San Salvador. De estilo conservador, siempre desde la indiferencia y, en muchas ocasiones, al lado de la clase alta salvadoreña, era considerado algo así como el aliado y defensor de los pudientes. Poco imaginaba Oscar Romero cual era la misión que Dios tenía preparada para él. El 22 de febrero, Mons. Romero tomó posesión del cargo de Arzobispo de San Salvador en una ceremonia sencilla celebrada en la capilla del Seminario Mayor de San José de la Montaña, a la que asistieron el nuncio apostólico Mons. Emmanuelle Gerada y los demás obispos de El Salvador. Ese mismo día, el gobierno anunció que varios religiosos que se hallaban fuera del país, entre ellos el español Benigno Fernández S. J. y el nicaragüense Juan Ramón Vega Mantilla, no debían regresar. El 5 de marzo, durante una asamblea especial de los obispos, se eligió a Mons. Romero como vicepresidente de la Conferencia Episcopal de El Salvador y se preparó un comunicado para denunciar la persecución de la Iglesia en el país. El 12 de marzo de 1977, el P. Rutilio Grande, S. J., amigo íntimo de Mons. Romero, fue asesinado en la ciudad de Aguilares junto a dos campesinos. Grande llevaba cuatro años al frente de la parroquia de Aguilares, donde había promovido la creación de comunidades cristianas de base y la organización de los campesinos de la zona. El propio presidente de la República informó a Mons. Romero sobre la muerte de Grande, prometiendo una investigación sobre los hechos. El arzobispo reaccionó a este asesinato convocando a una misa única, para mostrar la unidad de su clero. Esta misa se celebró el 20 de marzo en la plaza Barrios de San Salvador, a pesar de la oposición del nuncio apostólico y de otros obispos. Este fue el auténtico despertar de Romero, al comprender de qué lado se estaba posicionando. A partir de aquel día, toda su labor eclesial giró de forma radical, teniendo incluso que oponerse a las directrices que desde los despachos romanos se le marcaban. Reconoció a Cristo en los campesinos que veía sobrevivir y morir día a día.

No dudó en enfrentarse tanto al poder establecido, como al ejército salvadoreño (que también presionaba al pueblo), e igualmente, a aquellos sectores eclesiales que desde posturas "comodonas" le llamaban día a día a dejar su labor de denuncia. Oscar supo hacer de la iglesia, una auténtica iglesia que sabe de la vida diaria de sus feligreses y lucha por la justicia social y la igualdad. Supo ver en la iglesia el tesoro del mensaje de Cristo sin adornos ni parafernalias. Su muerte no fue tan solo un testimonio de vida, sino que fue la semilla fructífera que hizo rebrotar la verdadera Iglesia de Dios en el Salvador. Son muchos los sacerdotes que, tras él y  siguiendo su ejemplo, han entregado su vida por Amor y por la Verdad.

El día lunes 24 de marzo de 1980 fue asesinado cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador impactó en su corazón, momentos antes de la Consagración. Al ser asesinado, tenía 62 años de edad. La sangre derramada por su corazón se unió a la sangre derramada por Cristo.

Os recomiendo una película sobre su vida que refleja muy bien su pensamiento y su fe: La película Romero, realizada en 1989, está basada en su biografía.

Aquí os dejo algunos de sus escritos:

 

Al ejército salvadoreño:

Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles... Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: "No matar". Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión.

 

"...toda persona que lucha por la justicia, que busca reivindicaciones justas en un ambiente injusto, está trabajando por el Reino de Dios"

 

"Si denuncio y condeno la injusticia es porque es mi obligación como pastor de un pueblo oprimido y humillado"

 

"...de nada sirven las reformas si van teñidas de tanta sangre"

"Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios... Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla"

 

"Si me matan, resucitaré con el pueblo salvadoreño"

"...un obispo morirá pero la Iglesia de Dios que es el pueblo, no perecerá jamás"

 

"Habéis traicionado la confianza. Responderéis ante Dios y los Tribunales"

"Habéis traicionado la confianza. Responderéis ante Dios y los Tribunales"

Queridos hermanos y hermanas de la Iglesia en Irlanda, os escribo con gran preocupación como Pastor de la Iglesia universal. Al igual que vosotros estoy profundamente consternado por las noticias concernientes al abuso de niños y jóvenes indefensos por parte de miembros de la Iglesia en Irlanda, especialmente sacerdotes y religiosos. Comparto la desazón y el sentimiento de traición que muchos de vosotros experimentaron al enterarse de esos actos pecaminosos y criminales y del modo en que fueron afrontados por las autoridades de la Iglesia en Irlanda.

Como sabéis, invité hace poco a los obispos de Irlanda a una reunión en Roma para que informasen sobre cómo abordaron esas cuestiones en el pasado e indicasen los pasos que habían dado para hacer frente a unasituación tan grave.

Junto con algunos altos prelados de la Curia Romana escuché lo que tenían que decir, tanto individualmente como en grupo, sea sobre el análisis de los errores cometidos y las lecciones aprendidas, que sobre la descripción de los programas y procedimientos actualmente en curso. 

Nuestras discusiones fueron francas y constructivas. Estoy seguro de que, como resultado, los obispos están ahora en una posición más fuerte para continuar la tarea de reparar las injusticias del pasado y de abordar cuestiones más amplias relacionadas con el abuso de los niños de manera conforme con las exigencias de la justicia y las enseñanzas del Evangelio.

2. Por mi parte, teniendo en cuenta la gravedad de estos delitos y la respuesta a menudo inadecuada que han recibido por parte de lasautoridades eclesiásticas de vuestro país, he decidido escribir esta carta pastoral para expresaros mi cercanía, y proponeros un camino de curación, renovación y reparación. Es verdad, como han observado muchas personas en vuestro país, que el problema de abuso de menores no es específico de Irlanda o de la Iglesia.

Sin embargo, la tarea que tenéis ahora por delante es la de hacer frente al problema de los abusos ocurridos dentro de la comunidad católica de Irlanda y de hacerlo con coraje y determinación. Que nadie se imagine que esta dolorosa situación se resuelva pronto. Se han dado pasos positivos pero todavía queda mucho por hacer. Necesitamos perseverancia y oración, congran fe en la fuerza salvadora de la gracia de Dios. Al mismo tiempo, debo también expresar mi convicción de que para recuperarse de esta dolorosa herida, la Iglesia en Irlanda, debe reconocer en primer lugar ante Dios y ante los demás, los graves pecados cometidoscontra niños indefensos.

Ese reconocimiento, junto con un sincero pesar porel daño causado a las víctimas y sus familias, debe desembocar en un esfuerzo conjunto para garantizar que en el futuro los niños estén protegidos de semejantes delitos. Mientras os enfrentáis a los retos de este momento, os pido que recordéis la "roca de la que fuisteis tallados" (Isaías 51, 1). Reflexionad sobre la generosa y a menudo heroica contribución ofrecida a la Iglesia y a la humanidad por generaciones de hombres y mujeres irlandeses, y haced que de esa reflexión brote el impulso para un honesto examen de conciencia personal y para un sólido programa de renovación de la Iglesia y el individuo. Rezo para que, asistida por la intercesión de sus numerosos santos y purificada por la penitencia, la Iglesia en Irlanda supere esta crisis y vuelve a ser una vez más testimonio convincente de la verdad y la bondad de Dios Todopoderoso, que se manifiesta en su Hijo Jesucristo.

3. A lo largo de la historia, los católicos irlandeses han demostrado ser, tanto en su patria como fuera de ella, una fuerza motriz del bien. Monjes celtas como San Columba difundieron el evangelio en Europa occidental y sentaron las bases de la cultura monástica medieval. Los ideales de santidad, caridad y sabiduría trascendente, nacidos de la fe cristiana, quedaron plasmados en la construcción de iglesias y monasterios y en la creación de escuelas, bibliotecas y hospitales, que contribuyeron a consolidar la identidad espiritual de Europa.

Aquellos misioneros irlandeses debían su fuerza y su inspiración a la firmeza de su fe, al fuerte liderazgo y a la rectitud moral de la Iglesia en su tierra natal. A partir del siglo XVI, los católicos en Irlanda atravesaron por un largo período de persecución, durante el cual lucharon por mantener viva la llama de la fe en circunstancias difíciles y peligrosas. San Oliver Plunkett, mártir y arzobispo de Armagh, es el ejemplo más famoso de una multitud de valerosos hijos e hijas de Irlanda dispuestos a dar su vida por la fidelidad al Evangelio.

Después de la Emancipación Católica, la Iglesia fue libre de nuevo para volver a crecer. Las familias y un sinfín de personas que habían conservado la fe en el momento de la prueba se convirtieron en la chispa de un gran renacimiento del catolicismo irlandés en el siglo XIX. La iglesia escolarizaba, especialmente a los pobres, lo que supuso una importante contribución a la sociedad irlandesa. Entre los frutos de las nuevas escuelas católicas se cuenta el aumento de las vocaciones: generaciones de sacerdotes misioneros, hermanas y hermanos, dejaron su patria para servir en todos los continentes, sobre todo en mundo de habla inglesa.

Eran excepcionales, no sólo por la vastedad de su número, sino también por lafuerza de la fe y la solidez de su compromiso pastoral. Muchas diócesis, especialmente en África, América y Australia, se han beneficiado de la presencia de clérigos y religiosos irlandeses, que predicaron el Evangelio y fundaron parroquias, escuelas y universidades, clínicas y hospitales, abiertas tanto a los católicos, como al resto de la sociedad, prestando una atención particular a las necesidades de los pobres.

En casi todas las familias irlandesas, ha habido siempre alguien - un hijo o una hija, una tía o un tío - que dieron sus vidas a la Iglesia. Con razón, las familias irlandesas tienen un gran respeto y afecto por sus seres queridos que dedicaron la vida a Cristo, compartiendo el don de la fe con los demás y traduciéndola en acciones sirviendo con amor a Dios y al prójimo.

4. En las últimas décadas, sin embargo, la Iglesia en vuestro país ha tenido que enfrentarse a nuevos y graves retos para la fe debidos a la rápida transformación y secularización de la sociedad irlandesa. El cambio social ha sido muy veloz y a menudo ha repercutido adversamente en la tradicional adhesión de las personas a las enseñanzas y valores católicos. Asimismo, las prácticas sacramentales y devotas que sustentan la fe y la hacen crecer, como la confesión frecuente, la oración diaria y los retiros anuales se dejaron, con frecuencia, de lado. También fue significativa en este período la tendencia, incluso por parte de los sacerdotes y religiosos, a adoptar formas de pensamiento y de juicio de la realidad secular sin referencia suficiente al Evangelio. El programa de renovación propuesto por el Concilio Vaticano II fue a veces malentendido y, además, a la luz de los profundos cambios sociales que estabanteniendo lugar, no era nada fácil discernir la mejor manera de realizarlo.

En particular, hubo una tendencia, motivada por buenas intenciones, pero equivocada, de evitar los enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares. En este contexto general debemos tratar de entender el inquietante problema de abuso sexual de niños, que hacontribuido no poco al debilitamiento de la fe y la pérdida de respeto porla Iglesia y sus enseñanzas. Sólo examinando cuidadosamente los numerosos elementos que han dado lugar a la crisis actual es posible efectuar un diagnóstico claro de las causas y encontrar las soluciones eficaces.

Ciertamente, entre los factores que ha ncontribuido a ella, podemos enumerar: los procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, la insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados, la tendencia de la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad y una preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y por evitar escándalos cuyo resultado fue la falta de aplicación de las penas canónicas en vigor y de la salvaguardia de la dignidad de cada persona.

Es necesaria una acción urgente para contrarrestar estos factores, que han tenido consecuencias tan trágicas para la vida de las víctimas y sus familias y han obscurecido tanto la luz del Evangelio, como no lo habían hecho siglos de persecución.

5. En varias ocasiones, desde mi elección a la Sede de Pedro, me he encontrado con víctimas de abusos sexuales y estoy dispuesto a seguir haciéndolo en futuro. He hablado con ellos, he escuchado sus historias, he constatado su sufrimiento, he rezado con ellos y por ellos. Anteriormente en mi pontificado, preocupado por abordar esta cuestión, pedí a los obispos de Irlanda, durante la visita ad limina de 2006 que "establecieran la verdad de lo ocurrido en el pasado y tomasen todas las medidas necesarias para evitar que sucediera de nuevo, para asegurar que los principios de justicia sean plenamente respetados y, sobre todo, para curar a las víctimas y a todos los afectados por estos crímenes atroces "(Discurso a los obispos de Irlanda, el 28 de octubre de 2006).

Con esta carta, quiero exhortaros a todos vosotros, como pueblo de Dios en Irlanda, a reflexionar sobre las heridas infligidas al cuerpo de Cristo, los remedios necesarios y a veces dolorosos, para vendarlas y curarlas , y la necesidad de la unidad, la caridad y la ayuda mutua en el largo proceso de recuperación y renovación eclesial. Me dirijo ahora a vosotros con palabras que me salen del corazón, y quiero hablar a cada uno de vosotros y a todos vosotros como hermanos y hermanas en el Señor.

6. A las víctimas de abusos y a sus familias Habéis sufrido inmensamente y me apesadumbra tanto. Sé que nada puede borrar el mal que habéis soportado. Vuestra confianza ha sido traicionada y violada vuestra dignidad. Muchos de vosotros han experimentado que cuando tuvieron el valor suficiente para hablar de lo que les había pasado, nadie quería escucharlos. Aquellos que sufrieron abusos en los internados deben haber sentido que no había manera de escapar de su dolor.

Es comprensible que os sea difícil perdonar o reconciliaros con la Iglesia. En su nombre, expreso abiertamente la vergüenza y el remordimiento que sentimos todos. Al mismo tiempo, os pido que no perdáis la esperanza. En la comunión con la Iglesia es donde nos encontramos con la persona de Jesucristo, que fue Él mismo una víctima de la injusticia y el pecado. Como vosotros aún lleva las heridas de su sufrimiento injusto. Él entiende la profundidad de vuestro dolor y la persistencia de su efecto en vuestras vidas y vuestras relaciones con los demás, incluyendo vuestra relación con la Iglesia. Sé que a algunos de vosotros les resulta difícil incluso entrar en una iglesia después de lo que ha sucedido. Sin embargo, las heridas de Cristo, transformadas por su sufrimiento redentor, son los instrumentos que han roto el poder del mal y nos hacen renacer a la vida y la esperanza.

Creo firmemente en el poder curativo de su amor sacrificial - incluso en las situaciones más oscuras y desesperadas - que libera y trae la promesa de un nuevo comienzo. Al dirigirme a vosotros como un pastor, preocupado por el bienestar de todos los hijos de Dios, os pido humildemente que reflexionéis sobre lo que he dicho. Ruego que, acercándoos a Cristo y participando en la vida de su Iglesia - una Iglesia purificada por la penitencia y renovada en la caridad pastoral - podáis descubrir de nuevo el amor infinito de Cristo por cadauno de vosotros. Estoy seguro de que de esta manera seréis capaces de encontrar reconciliación, profunda curación interior y paz.

7. A los sacerdotes y religiosos que han abusado de niños Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos. Habéis perdido la estima de la gente de Irlanda y arrojado vergüenza y deshonor sobre vuestros semejantes. Aquellos de vosotros que son sacerdotes han violado la santidad del sacramento del Orden, en el que Cristo mismo se hace presente ennosotros y en nuestras acciones. Junto con el inmenso daño causado a las víctimas, un daño enorme se ha hecho a la Iglesia y a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa. Os exhorto a examinar vuestra conciencia, a asumir la responsabilidad de los pecados que habéis cometido y a expresar con humildad vuestro pesar.

El arrepentimiento sincero abre la puerta al perdón de Dios y a la gracia de la verdadera enmienda. Debéis tratar de expiar personalmente vuestras acciones ofreciendo oraciones y penitencias por aquellos que habéis ofendido. El sacrificio redentor de Cristo tiene el poder de perdonar incluso el más grave de los pecados y extraer el bien incluso del más terrible de los males. Al mismo tiempo, la justicia de Dios nos llama a dar cuenta de nuestras acciones sin ocultar nada. Admitid abiertamente vuestra culpa, someteos a las exigencias de la justicia, pero no desesperéis de la misericordia de Dios.

8. A los padres. Os habéis sentido profundamente indignados y conmocionados al conocer los hechos terribles que sucedían en lo que debía haber sido el entorno más seguro para todos. En el mundo de hoy no es fácil construir un hogar y educar a los hijos. Se merecen crecer con seguridad, cariño y amor, con un fuerte sentido de su identidad y su valor. Tienen derecho a ser educados en los auténticos valores morales enraizados en la dignidad de la persona humana, a inspirarse en la verdad de nuestra fe católica y a aprender los patrones de comportamiento y acción que lleven a la sana autoestima y la felicidad duradera.

Esta tarea noble pero exigente está confiada en primer lugar a vosotros, padres. Os invito a desempeñar vuestro papel para garantizar a los niños los mejores cuidados posibles, tanto en el hogar como en la sociedad en general, mientras la Iglesia, por su parte, sigue aplicando las medidas adoptadas en los últimos años para proteger a los jóvenes en los ambientes parroquiales y escolares. Os aseguro que estoy cerca de vosotros y os ofrezco el apoyo de mis oraciones mientras cumplís vuestras grandes responsabilidades

9. A los niños y jóvenes de Irlanda Quiero dirigiros una palabra especial de aliento. Vuestra experiencia de la Iglesia es muy diferente de la de vuestros padres y abuelos. El mundo ha cambiado desde que ellos tenían vuestra edad. Sin embargo, todas las personas, en cada generación están llamadas a recorrer el mismo camino durante la vida, cualesquiera que sean las circunstancias. Todos estamos escandalizados por los pecados y errores de algunos miembros de la Iglesia, en particular de los que fueron elegidos especialmente para guiar y servir a los jóvenes. Pero es en la Iglesia donde encontraréis a Jesucristo que es el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Hb 13, 8).

Él os ama y se entregó porvosotros en la cruz. ¡Buscad una relación personal con Él dentro de la comunión de su Iglesia, porque él nunca traicionará vuestra confianza! Sólo Él puede satisfacer vuestros anhelos más profundos y dar pleno sentido a vuestras vidas, orientándolas al servicio de los demás. Mantened vuestra mirada fija en Jesús y su bondad y proteged la llama de la fe en vuestros corazones.

Espero en vosotros para que, junto con vuestros hermanos católicos en Irlanda, seáis fieles discípulos de nuestro Señor y aportéis el entusiasmo y el idealismo tan necesarios para la reconstrucción y la renovación de nuestra amada Iglesia.

10. A los sacerdotes y religiosos de Irlanda Todos nosotros estamos sufriendo las consecuencias de los pecados de nuestros hermanos que han traicionado una obligación sagrada o no han afrontado de forma justa y responsable las denuncias de abusos. A la luz del escándalo y la indignación que estos hechos han causado, no sólo entre los fieles laicos, sino también entre vosotros y vuestras comunidades religiosas, muchos os sentís desanimados e incluso abandonados.

Soy también consciente de que a los ojos de algunos aparecéis tachados de culpables por asociación, y de que os consideran como si fuerais de alguna forma responsable de los delitos de los demás. En este tiempo de sufrimiento, quiero dar acto de vuestra dedicación cómo sacerdotes y religiosos y devuestro apostolado, y os invito a reafirmar vuestra fe en Cristo, vuestro amor por su Iglesia y vuestra confianza en las promesas evangélicas de la redención, el perdón y la renovación interior. De esta manera, podréis demostrar a todos que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (cf. Rm5, 20). Sé que muchos estáis decepcionados, desconcertados y encolerizados por la manera en que algunos de vuestros superiores abordaron esas cuestiones.

Sin embargo, es esencial que cooperéis estrechamente con los que ostentan la autoridad y colaboréis en garantizar que las medidas adoptadas parar esponder a la crisis sean verdaderamente evangélicas, justas y eficaces. Por encima de todo, os pido que seáis cada vez más claramente hombres y mujeres de oración, que siguen con valentía el camino de la conversión, la purificación y la reconciliación. De esta manera, la Iglesia en Irlanda cobrará nueva vida y vitalidad gracias a vuestro testimonio del poder redentor de Dios que se hace visible en vuestras vidas.

11. A mis hermanos, los obispos No se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores han fracasado, a veces lamentablemente, a la hora de aplicar las normas, codificadas desde hace largo tiempo, del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños.

Se han cometido graves errores en la respuestaa las acusaciones. Reconozco que era muy difícil comprender la magnitud y la complejidad del problema, obtener información fiable y tomar decisiones adecuadas en función de los pareceres contradictorios de los expertos. No obstante, hay que reconocer que se cometieron graves errores de juicio y hubo fallos de dirección. Todo esto ha socavado gravemente vuestra credibilidad y eficacia.

Aprecio los esfuerzos llevados a cabo para remediar los errores del pasado y para garantizar que no vuelvan a ocurrir. Además de aplicar plenamente las normas del derecho canónico concernientes a los casos de abusos de niños, seguid cooperando con las autoridades civiles en el ámbito de su competencia. Está claro que los superiores religiososdeben hacer lo mismo. También ellos participaron en las recientes reuniones en Roma con el propósito de establecer un enfoque claro y coherente de estas cuestiones.

Es imperativo que las normas de la Iglesia en Irland apara la salvaguardia de los niños sean constantemente revisadas y actualizadas y que se apliquen plena e imparcialmente, en conformidad con el derecho canónico. Sólo una acción decisiva llevada a cabo con total honestidad y transparencia restablecerá el respeto y el afecto del pueblo irlandés po rla Iglesia a la que hemos consagrado nuestras vidas.

Hay que empezar, en primer lugar, por vuestro examen de conciencia personal, la purificación interna y la renovación espiritual. El pueblo de Irlanda, con razón, espera que seáis hombres de Dios, que seáis santos, que viváis con sencillez, y busquéis día tras día la conversión personal. Para ellos, en palabras de San Agustín, sois un obispo, y sin embargo, con ellos estáis llamados a ser un discípulo de Cristo (cf. Sermón 340, 1). Os exhorto a renovar vuestro sentido de responsabilidad ante Dios, para crecer en solidaridad con vuestropueblo y profundizar vuestra atención pastoral con todos los miembros de vuestro rebaño.

En particular, preocupaos por la vida espiritual y moral de cada uno de vuestros sacerdotes. Servidles de ejemplo con vuestra propia vida, estad cerca de ellos, escuchad sus preocupaciones, ofrecedles aliento en este momento de dificultad y alimentad la llama de su amor por Cristo y su compromiso al servicio de sus hermanos y hermanas.

Asimismo, hay que alentar a los laicos a que desempeñen el papel que les corresponde en la vida de la Iglesia. Aseguraos de su formación para que puedan, articulada y convincentemente, dar razón del Evangelio en mediode la sociedad moderna (cf. 1 Pet 3, 15), y cooperen más plenamente en la vida y misión de la Iglesia. Esto, a su vez, os ayudará a volver a serguías y testigos creíbles de la verdad redentora de Cristo.

12. A todos los fieles de Irlanda La experiencia de un joven en la Iglesia debería siempre fructificar en su encuentro personal y vivificador con Jesucristo, dentro de una comunidad que lo ama y lo sustenta. En este entorno, habría que animar a los jóvenes a alcanzar su plena estatura humana y espiritual, a aspirar a los altos ideales de santidad, caridad y verdad y a inspirarse en la riqueza de una gran tradición religiosa y cultural.

En nuestra sociedad cada vez más secularizada en la que incluso los cristianos a menudo encuentran difícil hablar de la dimensión trascendente de nuestra existencia, tenemos que encontrar nuevas modos para transmitir a los jóvenes la belleza y la riqueza de la amistad con Jesucristo en la comunión de su Iglesia. Para resolver la crisis actual, las medidas que contrarresten adecuadamente los delitos individuales son esenciales pero no suficientes: hace falta una nueva visión que inspire a la generación actual y a las futuras generaciones a atesorar el don de nuestra fe común.

Siguiendo el camino indicado por el Evangelio, observando los mandamientos y conformando vuestras vidas cada vez más a la figura de Jesucristo, experimentaréis con seguridad la renovación profunda que necesita con urgencia nuestra época . Invito a todos a perseverar en este camino.

13. Queridos hermanos y hermanas en Cristo, profundamente preocupado portodos vosotros en este momento de dolor, en que la fragilidad de la condición humana se revela tan claramente, os he querido ofrecer palabras de aliento y apoyo. Espero que las aceptéis como un signo de mi cercanía espiritual y de mi confianza en vuestra capacidad para afrontar los retos del momento actual, recurriendo, como fuente de renovada inspiración y fortaleza a las nobles tradiciones de Irlanda de fidelidad al Evangelio, perseverancia en la fe y determinación en la búsqueda de la santidad.

En solidaridad con todos vosotros, ruego con insistencia para que, con la gracia de Dios, las heridas inflingidas a tantas personas y familias puedan curarse y para que la Iglesia en Irlanda experimente una época derenacimiento y renovación espiritual

14. Quisiera proponer, además, algunas medidas concretas para abordar la situación. Al final de mi reunión con los obispos de Irlanda, les pedí que laCuaresma de este año se considerase un tiempo de oración para la efusión dela misericordia de Dios y de los dones de santidad y fortaleza del Espíritu Santo sobre la Iglesia en vuestro país. Ahora os invito a todos a ofrecer durante un año, desde ahora hasta la Pascua de 2011, la penitencia de los viernes para este fin. Os pido que ofrezcáis el ayuno, las oraciones, la lectura de la Sagrada Escritura y las obras de misericordia por la gracia de la curación y la renovación de la Iglesia en Irlanda.

Os animo a redescubrir el sacramento de la Reconciliación y a utilizar con más frecuencia el poder transformador de su gracia. Hay que prestar también especial atención a la adoración eucarística, y en cada diócesis debe haber iglesias o capillas específicamente dedicadas a ello. Pido a las parroquias, seminarios, casas religiosas y monasterios que organicen períodos de adoración eucarística, para que todos tengan la oportunidad de participar. Mediante la oración ferviente ante la presenciareal del Señor, podéis cumplir la reparación por los pecados de abusos que han causado tanto daño y al mismo tiempo, implorar la gracia de una fuerza renovada y un sentido más profundo de misión por parte de todos los obispos, sacerdotes, religiosos y fieles.

Estoy seguro de que este programa conducirá a un renacimiento de la Iglesia en Irlanda en la plenitud de la verdad de Dios, porque la verdad nos hace libres (cf. Jn 8, 32). Además, después de haber rezado y consultado sobre el tema, tengo la intención de convocar una Visita Apostólica en algunas diócesis de Irlanda,así como en los seminarios y congregaciones religiosas. La visita tiene por objeto ayudar a la Iglesia local en su camino de renovación y se estableceráen cooperación con las oficinas competentes de la Curia Romana y de la Conferencia Episcopal Irlandesa. Los detalles serán anunciados en su debido momento.

También propongo que se convoque una misión a nivel nacional para todos los obispos, sacerdotes y religiosos. Espero que gracias a los conocimientos de predicadores expertos y organizadores de retiros en Irlanda, y en otros lugares , mediante la revisión de los documentos conciliares, los ritos litúrgicos de la ordenación y profesión, y las recientes enseñanzas pontificias, lleguéis a una valoración más profunda de vuestras vocaciones respectivas, a fin de redescubrir las raíces de vuestra fe en Jesucristo y de beber a fondo en las fuentes de agua viva que os ofrece a través de su Iglesia.

En este año dedicado a los sacerdotes, os propongo de forma especial la figura de San Juan María Vianney, que tenía una rica comprensión delmisterio del sacerdocio. "El sacerdote -escribió- tiene la llave de los tesoros de los cielos: es el que abre la puerta, es el mayordomo del buen Dios, el administrador de sus bienes." El cura de Ars entendió perfectamente la gran bendición que supone para una comunidad un sacerdote bueno y santo: "Un buen pastor, un pastor conforme al corazón de Dios es el tesoro más grande que Dios puede dar a una parroquia y uno de los más preciosos dones de la misericordia divina ".Que por la intercesión de SanJuan María Vianney se revitalice el sacerdocio en Irlanda y toda la Iglesia en Irlanda crezca en la estima del gran don del ministerio sacerdotal.

Aprovecho esta oportunidad para dar las gracias anticipadamente a todosa quellos que ya están dedicados a la tarea de organizar la Visita Apostólica y la Misión, así como a los muchos hombres y mujeres en toda Irlanda que ya están trabajando para proteger a los niños en los ambientes eclesiales. Desde el momento en que se comenzó a entender plenamente la gravedad y la magnitud del problema de los abusos sexuales de niños en instituciones católicas, la Iglesia ha llevado a cabo una cantidad inmensa de trabajo en muchas partes del mundo para hacerle frente y ponerle remedio. Si bien no se debe escatimar ningún esfuerzo para mejorar y  actualizar los procedimientos existentes, me anima el hecho de que las prácticas vigentes de tutela, adoptadas por las iglesias locales, se consideran en algunas partes del mundo, un modelo para otras instituciones.

Quiero concluir esta carta con una Oración especial por la Iglesia en Irlanda, que os dejo con la atención que un padre presta a sus hijos y el afecto de un cristiano como vosotros, escandalizado y herido por lo que ha ocurrido en nuestra querida Iglesia. Cuando recéis esta oración en vuestras familias, parroquias y comunidades, la Santísima Virgen María os proteja y guíe a cada uno de vosotros a una unión más estrecha con su Hijo, crucificado y resucitado.

Con gran afecto y confianza inquebrantable en las promesas de Dios, os imparto a todos mi bendición apostólica como prenda de fortaleza y paz en el Señor.

Desde el Vaticano, 19 de marzo de 2010, Solemnidad de San José.

Dilema ético para la clase de filosofia

1. Mira con atención el vídeo.

2. Contesta por escrito en tu cuaderno a las siguientes preguntas:

2.1. Sólo se trata de un examen ¿Es correcto lo que piensa hacer Pedro, teniendo en cuenta lo que ocurrirá si no aprueba el examen? ¿Por qué?

2.2. ¿Debe Juan proteger a Pedro? ¿Por qué?

2.3. El profesor sabe que Pedro está condicionado por su permanencia en el centro y piensa que ha estudiado. También piensa que es Juan que es Juan quien se ha copiado de Pedro. ¿Debe Juan decir la verdad para no suspender? ¿por qué?. ¿Debe Pedro decir la verdad? ¿por qué?.

2.4. ¿Qué primaría para tï, la amistad o la honestidad? ¿Por qué?

 

 

¿Quién entiende esto?

¿Quién entiende esto?

Alari.


Siempre queda un momento

Siempre el mundo puede parar.

Nunca la vida es lo esperado,

Nunca la vida es lo previsto.


En la oscuridad del amanecer

Salta fugaz el destello.

No busca fulminar,

Ansía alumbrar.


Cuando la noche nace,

Muere la realidad,

Pespuntan los sueños

Y la existencia es nueva.


La simetría del ayer

Es la semejanza del futuro,

La tesis planteada,

Es tan solo el sueño pensado.


¿Aprender a pensar?

Volver a ser niños

Buscando jugar con el azar

Sin poder revisar ni recomendar.


Fuimos dejando la mirada,

Fijando los proyectos,

Abandonando lo institucional

Para renacer al pensamiento.


Todo contexto programado

Pasa por el azar del vivir,

Porque el diálogo ha pensado

No volver de su descanso.


La gente se aburre

Y ríen los filósofos.

¿Cuál será la causa?

La vida que pasa

Y la muerte que llega.

 

Dios está en el quebrantado, en Haití y en Chile

Semana de la familia en Lorca

Semana de la familia en Lorca

Pescador de hombres

II Domingo de cuaresma: Ser transfigurados

II Domingo de cuaresma: Ser transfigurados

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 9, 28b-36

-Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

La autenticidad de estas palabras sigue siendo válida hoy en día. Descubrir la gloria de Dios en Jesucristo es, sin duda, algo que transforma el corazón y, por ende, la misma vida. Siempre que me acerco a Dios lo hago con la confianza de que junto a Él las cosas son de otra manera distinta. En Él no hay falsedad, ni mentira, ni fingimiento, ni nada parecido a lo que no sea autenticidad. Una de las cosas que más me ha hecho sentirme cerca de Dios siempre, ha sido el saber que Él no me juzga, que ante Él no tengo que disimular nada, ni tan siquiera aparentar lo que no soy o lo que no siento. Cuando el amor se personaliza en la experiencia de la cercanía de Jesucristo, siempre se está feliz, parece como si pensar la vida fuese solo un entretenimiento que no va más allá de la simple preocupación diaria. Podría pensarse que lo más bello es estar contemplando su gloria, y lo es; pero no podemos olvidar que la gloria de Dios conlleva necesariamente su vivencia, es decir, buscar cómo hacerle presente en el aquí y ahora de la realidad que cada uno de nosotros vivimos. No parece tener mucho sentido quedarse "mirando al cielo", ser simplemente un observador. Si realmente entendemos el mensaje de Jesucristo, tendremos que comenzar por transformar la realidad que nos ocupa a cada uno, hacer posible un mundo mejor no es una utopía bonita reservada a las candidatas a miss mundo, sino una llamada urgente para el cristiano que busca hacer de Cristo el fundamento de éste mundo. Pedro, Juan y Santiago son llevados por Jesús a lo alto de la montaña para poder contemplar desde esa altura dos cosas: la grandeza de Jesús en la transfiguración, y la necesidad de un mundo que ansía encontrar valores comunes y definitivos que den significado a la existencia última del ser humano. Aquellos apóstoles no comprendieron mucho el mensaje (como nosotros), no se trataba de quedarse allí, sino de que habiendo contemplado la gloria bajar de la montaña para ser transmisores y anunciadores de esa gloria contemplada y vivida. "Hagamos tres tiendas", quedémonos aquí y continuemos viviendo en el individualismo que nos asfixia y carcome nuestra obligación de ser auténticos hermanos. Vivir cada uno en su "tienda" es no haber comprendido el mensaje, acomodarse a ser predicadores de nosotros mismos buscando nuestra propia gloria. La "tienda" que Jesús propone es una tienda común, formada por todos, esa tienda bien podría ser la Iglesia, donde no debe haber glorias particulares, sino sólo una: la de Dios. Él mismo lo tuvo claro y, como nos dice el evangelio de Juan, "acampó entre nosotros", no se quedó en las alturas, sino que montó su tienda en medio del mundo, aún a sabiendas de que la única gloria que encontraría entre nosotros sería la de la cruz.

No podemos quedarnos mirando al cielo. La iglesia no puede ser una iglesia teórica, sobre el papel, una iglesia cuya palabra sea la condena. Lejos de eso, la iglesia está llamada a ser anunciadora de libertad y compromiso, de auténtica entrega y que camine en medio de los hombres. Una iglesia que no se quede contemplando el cielo. ¿Cómo es posible conseguirlo?, no olvidando que la Iglesia no es algo abstracto, sino que somos tú y yo; y estamos llamados a contemplar la gloria de Dios en las alturas para hacerla realidad en la tierra que pisamos y en los corazones de nuestros hermanos. No hay una tienda para cada uno, es la tienda de Cristo. Cuando entramos a un pub o a un restaurante de lujo, lo primero que nos encontramos en la puerta son las normas y aquel cartelito de "reservado el derecho de admisión". En la Tienda de Jesucristo la norma es la justicia, la verdad, la solidaridad y, en definitiva: la caridad. No existe ese cartel de reservado, el de Cristo es mejor y san Pablo lo expresa con mucha claridad: "Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo. Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos".

 

José Antonio Abellán Párroco de San Mateo, Vicario Episcopal y Delegado de Pastoral familiar y defensa de la vida.

José Antonio Abellán  Párroco de San Mateo, Vicario Episcopal y Delegado de Pastoral familiar y defensa de la vida.

En el día de ayer se desecharon en el Senado los tres vetos propuestos así como las enmiendas señaladas contra la  ’Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo’ propuesta por el Gobierno de la Nación. Fue una votación reñida, ganada sólo por la diferencia de seis votos y una abstención. Una de las defensoras de la nueva ley dijo  que "esta nueva ley del aborto nos traerá una sociedad más madura, más segura y más justa".Más madura, seguro. Si no nacen niños España se convertirá en una sociedad cada vez más anciana y ya se sabe lo que pasa con eso: "que el joven puede morir pero el viejo no puede vivir", es decir que España se muere. Esa es la única madurez que con esta ley en vigor y otras que pudieran salir en la misma línea, se puede esperar.Que la sociedad sea más segura, pues depende: para los niños concebidos, no. No hay ley que los defienda. El aborto es un derecho de la madre en donde el padre, además,  no tiene nada que decir. Bueno, está mal dicho eso de padre y madre, según otra ley en vigor, ahora son progenitor A y progenitor B, que ya trae mandanga, porque si los "progenitores A y B" son dos del sexo femenino o masculino ya me dirán a mi cómo una de ellas o ellos puede ser llamada o llamado progenitor.  Francia está preocupada, esa nación tiene antes que nosotros una ley semejante a  la nuestra y con la que decían que se iban a limitar los abortos y ha sido todo lo contrario, han crecido desorbitadamente. Tampoco traerá más seguridad para la madre que, a la menor tentación será conducida al abortorio. Ya hoy ocurre eso. De los traumas terribles que vienen después y que son patentes nadie se hace responsable.Que la sociedad sea más justa, pues me quedo atónito. Si la justicia es darle a cada uno lo que le corresponde no veo qué clase de justicia es quitar la vida a un niño en el seno materno cuando tiene derecho a ella como lo hemos tenido todos los que hemos nacido. ¿O es que los niños concebidos ahora son distintos de nosotros cuando estábamos en el seno materno?Así que lo único que vamos a conseguir es una sociedad "más madura", más vieja, más muerta. Pero todos tan felices, especialmente los que defienden la ley. ¡Qué triunfo! ¡Qué tristeza, digo yo!.Todo esto ocurre en un país de mayoría católica en su profesión de fe aunque menos practicante. Ese es el problema. A los españoles parece que nos luce defenestrar la herencia recibida, en este caso la herencia de la fe católica que quizás nos embarniza pero no nos cala. Parece como si estuviéramos acomplejados y pensáramos que vamos a remolque del progreso de las sociedades occidentales y tuviéramos que ponernos al día siempre avanzando hacia el barranco y no hacia tierra firme. ¡Qué le vamos a hacer, será nuestra condición, por desgracia!. Sin embargo en Estados Unidos los grupos en defensa de la vida son ya mayoritarios con respecto a los grupos abortistas, y esos también son occidentales y en varias naciones sudamericanas ocurre lo mismo y no les duele la fórmula progresista, y hacen muy bien.Otro "buen" político ha dicho que con esta ley lo que «... hay es una necesidad de ir adaptando la legislación a unos escenarios nuevos». Los legisladores no son moralizadores, aducen, las leyes salen al paso de las nuevas situaciones porque "...han cambiado los estratos de población". Es decir que hay gentes que no son católicas y piensan de otra manera y hay que legislar para ellas. Y con eso se excusan para consentir la muerte de inocentes como si los niños no tuvieran los mismos derechos sean sus padres católicos, musulmanes, gnósticos,  ateos o anti-teos. Esto es como decir que como en España hay ladrones pues hay que legislar para que robar sea un derecho,  como hay maltratadores pues hay que legislar para que sea un derecho maltratar, y así sucesivamente.Ya lo dijo otro político cuando fue interpelado: "De nosotros los políticos no podéis esperar nada". Es como si miraran más el interés de sus pociones políticas que el bien objetivo de la sociedad, porque matar inocentes no es nunca ningún bien por mucho que se legisle. El presidente del Gobierno así lo recordó precisamente ayer mismo en Ginebra: "Nadie tiene derecho a arrebatar la vida a otro de humano, absolutamente nadie." Es una pena que hablando tan bien en el extranjero luego no lo quiera llevar a la práctica en España.

Ante tantos dislates ¿Qué podemos hacer?

 

Yo propongo dos cosas: Una procurar el asociacionismo civil en defensa de la vida. Que haya asociaciones en defensa de la vida sí le preocupa a los políticos si en ello va en juego el voto que los pueda elevar al poder del mandato por cuatro años o los pueda dejar en la oposición. No podemos quedarnos cruzados de brazos. Los representantes de la soberanía nacional en el Parlamento nos representan, si, pero puede ser que no siempre legislen de acuerdo con las convicciones de la mayoría del pueblo soberano y si esto es así pues el pueblo podrá hablar legítimamente para que los parlamentarios escuchen y respeten la voz y la voluntad de los ciudadanos. Los votos les duelen. Si no hay asociaciones que les llame la atención ellos tienen carta blanca para hacer lo que les parezca.La otra cosa muy fundamental se divide en dos: la oración y la conversión del corazón. En Polonía nació un movimiento de fieles católicos en defensa de la vida que se consagró a orar a Dios en la intimidad por los niños no nacidos y en peligro de ser abortados. Es lo que se llama "Adopción Espiritual". Durante nueve meses una persona adopta a un niño concebido y ora insistentemente todos los días por él para que pueda nacer y pueda llevar una vida digna. Este movimiento de oraciones ha reducido enorme y admirablemente las tasas de aborto en ese país y en otros y es que la oración sincera al Señor es un arma que otros no conocen pero que tiene un poder impresionante pues apela a la misericordia de Dios que siempre mira y defiende al desvalido. Por otro lado está la conversión del corazón que es la llamada del Señor que aparece en las Sagradas Escrituras y ha sido recordada por la Virgen el Lourdes y Fátima: "Haced penitencia". Atención: La penitencia no consiste en hacer en principio obras de mortificación corporal, que a veces son necesarias, sino en hacer en primer lugar lo que se debe hacer. ¿Eres cristiano? Pues sé cristiano consecuentemente en todas las facetas de tu vida y elimina todo aquello que te impide vivir con fidelidad la fe. Eso es penitencia: reconducir nuestra persona hacia Dios y hacer lo necesario para que se mantenga en ese rumbo. En la medida en que florezca en nuestra alma, y en el alma de los demás, la vida de la fe cristiana, desaparecerán los abortos. Estoy seguro. Lo demás es sólo llorar sobre el muerto. Eso está bien, pero no salva. De nosotros depende.

 

 

En lo que sigo creyendo...

La cuaresma

La cuaresma

Cuando hablamos de cuaresma, no estamos solo hablando de un tiempo meramente litúrgico, la cuaresma es mucho más, es un tiempo de absoluta gracia y de absoluta verdad. Es el momento de poder sentir cómo la maravilla de Dios no está encerrada entre los muros de ningún palacio ni de ninguna iglesia, sino que esa maravilla de la grandeza de Dios está en la posibilidad de la conversión continua de cada uno. Cuaresma es Gracia, es decir, tiempo de sentir el poder renovador de Cristo, de poder vivir junto a él la metanoia, el cambio de vida interior. Pero sentir ese poder renovador de Cristo no es algo que se compre o que se pueda hacer sin más. Implica necesariamente el ser serios, el poder ponerse en la presencia de los demás sintiendo que siempre son el fruto de mi aprendizaje y la posibilidad de mi amor. Quien vive la cuaresma desde el absurdo de la penitencia sin sentido, olvida que el sacrificio pedido por Dios es un corazón sincero: un corazón que sea capaz de amar, un corazón con capacidad de perdonar, un corazón que no juzgue, un corazón que sienta que cada día queda algo por hacer. La cruz es el centro de la cuaresma, pero no la malinterpretemos: la cruz es signo de salvación, no de sufrimiento. Aún me chirria en los oídos esa frase de "más sufrió Cristo en la Cruz..."; ya lo sé, pero sí lo hizo fue precisamente para evitar nuestro sufrimiento, no para prolongar la cruz hasta la eternidad de la humanidad. La cruz es signo de salvación, no de dolor. Por eso, nunca entenderé a aquellos que disfrutan infringiendo cruces a los demás o a sí mismos y, encima, se atreven a decir que es lo que quiere Dios; creo que su Dios y el mío no son el mismo.

Así entiendo yo los tres pilares de la Cuaresma:

Ayuno: es bueno sentir alguna vez por un momento el hambre material que otros sienten todos los momentos de su vida, pero no es suficiente. Quizás sea mucho más importante ayunar de hipocresía que de alimentos. El ayuno voluntario es positivo, pero seamos realistas: solo me sirve a mí de forma individual. Es necesario buscar el ayuno que me es útil a mí y que repercute en los demás, es decir, ayunar de aquellas cosas que producen infelicidad en los demás. No seamos tan falsos como los políticos, que se reúnen en un almuerzo que cuesta más de 300.000 euros para dialogar sobre las fórmulas de evitar el hambre en el mundo. Madre Teresa de Calcuta aceptó acudir a recibir el nobel de la paz con una condición: que no se celebrase la tradicional cena de gala y que lo que se debía de invertir en ella fuese destinado a los pobres.

Limosna: que triste es quedarse tranquilo por unas monedillas o incluso por unos billetes en una bandeja. La limosna empieza por la propia persona, por hacer limosna tu propia vida, no por dar sino por darse. ¿Cómo puedes practicar la limosna si no te preocupas por quien tienes a tu lado? No convirtamos el mensaje de Jesucristo en un mensaje de ayuda económica. Ser pobre no es no tener nada, es que el corazón esté vacio aunque los bolsillos estén llenos. Para mí, la crisis económica no es tal, es decir, no es en sí misma, sino que es el resultado de la victoria del egoísmo de unos frente a otros. ¿Cómo pueden "algunos" hablar de las virtudes de la pobreza cuando la riqueza es su sello característico?

Oración: que importante que es, y que mal la entendemos. Oración es que mi vida sea contemplación del misterio de Cristo salvador, no es repetir jaculatorias sin parar, a eso yo lo llamo otra cosa. La oración no se hace en un momento determinado, es más, cuando se siente como obligatoria, no vale para nada porque no es el fruto de un corazón agradecido sino de un corazón obligado. La oración pasa por la acción ¿qué hacéis ahí mirando al cielo?, dice Jesús a los discípulos. "Remad mar adentro", les dice en otro momento: no os quedéis en lo verbal, pasad a la acción.

Sin duda alguna, los ejemplos de los grandes santos a lo largo de la historia puede parecer que han entendido estos tres pilares de otra forma. Pero yo creo que no, porque el fruto de sus cuaresmas ha sido el amor vivido y actuado. Hace 500 años cocinábamos con hogueras, hoy lo hacemos con vitrocerámica, ¿se puede seguir cocinando con hoguera?, sin duda alguna sí, pero quizás no sea muy práctico. Contemplar el camino de la cruz (vía crucis), no es para llorar a cada paso, sino para vernos reflejados y sentir que si Él lo hizo por nosotros, nosotros somos los responsables de que nadie más lo haga. Incidir en las lamentaciones absurdas o los pietismos popularistas, de poco sirve para resucitar. Porque no podemos olvidar que el objetivo último de la cuaresma es la Resurrección, ¿Por qué nos seguimos empeñando en quedarnos en la tarde el viernes santo de nuestra vida? La fe es hermosa si se vive con libertad y con plenitud. Cuando se vive con hipocresía y con falsedad, no solamente es absurda, sino que se convierte en camino que nos aleja del Cristo victorioso.

 

La pobreza de los hipócritas

La pobreza de los hipócritas

Nunca nadie pudo imaginar lo perfecto que resultaría mirar al cielo y contemplar la inmensidad de la noche. Desmenuzar el amanecer es una aventura sin fin. Saborear una puesta de sol tiene mucho más encanto que el mejor bocadillo de chorizo con mantequilla. Pero sin duda alguna, lo insuperable es poder mirar a los ojos de tu otro yo y contemplar cómo se abre toda la vida a un camino por andar, a una vereda cubierta de olorosa hierba que llena los pulmones como si fuesen los de un recién nacido que respira por primera vez. No sentir el miedo del juicio, no temer la palabra mal dicha o el gesto desacertado. Saber que hasta el pensamiento más profundo no es fruto de la improvisación sino el producto de la unión.

Decía Machado: "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar". Y qué gran verdad: el camino no es que nos encontramos, sino el que hacemos. Cada paso es mirada al futuro o tembloroso pasado. No hay camino, el camino se va creando a nuestro caminar, pues el fruto de aquello que deseamos hacer, de lo que dejamos atrás, de lo que esperamos, de lo que soñamos e incluso de lo que odiamos. Caminar no es avanzar, es caminar. Lo importante no puede ser la meta, sino el paso firme, la meta es tan solo un conjunto de pasos firmes. Nadie puede atreverse a decir que el futuro está marcado, todos aquellos que hablan de futuro escrito, no son más que absurdos creadores de soledades, sus palabras son el reflejo de su propia mirada incierta al presente. Quien dice "nacemos para morir", más vale que muera ya, ¿si es tan claro el por qué, por qué esperar?; si has nacido esperando la muerte más vale que tu vida sea solitaria y que se agote cuanto antes, de lo contrario el negror de tu pensamiento ennegrecerá el pensamiento de tus compañeros de viaje. Quien no espera nada de la vida, debería recordar que la vida si espera algo de él.

Descubro cada segundo cómo el mundo gira a mi alrededor, como quien en otros momentos sentía como compañeros de viaje, se han convertido en hipócritas alimañas juzgadoras. La verdad es que no siento recelo, ni tan siquiera algo parecido. Tampoco me hacen daño, tan solo ratifican mis posturas y son el objeto de mi oración, porque los considero pobres, clasistas, profetas de su propia perdición y, como ya dije en otro artículo, sembradores de cizañas. ¿Dónde está Dios? Lejos de quien actúa así.

¡Qué triste es pasar la vida juzgando a los demás, con lo grandioso que es pasarla amando¡ sólo puedo desearos, que algún día seáis felices.

 

El verdadero San Valentín

El verdadero San Valentín

Se dice cientos de veces a la ligera que el día de San Valentín es el día de los enamorados. Pero lejos de historias cursis remontémonos al año 270 y a la situación política de aquella época para entender quién fue nuestro héroe Valentín.

Claudio II "el Gótico", un tirano emperador romano de brutas costumbres, había ordenado a todos los cristianos adorar a doce dioses, y había declarado que asociarse con cristianos era un crimen castigado con la pena de muerte. Pues bien, Claudio mandó prohibir en todo su territorio cualquier manifestación de amor entre dos personas, lo que incluía todo tipo de celebraciones nupciales. ¿Por qué? Claudio sólo quería soldados, guerreros solteros que defendieran con brío y sin sentimentalismos su vasto imperio.

 

Aquí es donde aparece el creyente y humilde cristiano Valentín, obispo de Interamna Nahartium, muy cerca de Asís, en Italia. Era un médico romano que se hizo sacerdote y casaba soldados: se dedicaba a casar en secreto a parejas que quisieran formar una familia con la gracia del sacramento.

 

Esto le valió la cárcel bajo el mandato de Aureliano, sucesor de Claudio, donde introdujo en la fe cristiana a la hija ciega del carcelero. Valentín era decapitado un 14 de febrero de 270. Fue enterrado en la que es hoy la Iglesia de Praxedes en Roma como mártir de la persecución cristiana. Su testimonio es hoy luz para el mundo.

(De Cope.es)

TEMARIO HISTORIA DE LA IGLESIA 1º BACHILLERATO

TEMA 1 (Los inicios de la Iglesia)

 

La primera Iglesia

Podemos afirmar que la primera Iglesia es congregada por Jesús, estaba formada por la comunidad de sus seguidores y su inicio puede ser marcado en la fiesta de Pentecostés, con la venida del Espíritu Santo.

            Quienes seguían a Jesús eran llamados discípulos, es decir, los que aprenden del maestro. De entre los discípulos, Jesús eligió a doce, que recibieron el nombre de apóstoles, que quiere decir "los enviados a predicar". Ellos vivían juntos, y lo tenían todo en común.

            Los apóstoles:

*Son elegidos por Jesús

*Son llamados a ser sus amigos y sus colaboradores.

*Son enviados a predicar el evangelio

*Reciben de Jesús la autoridad sobre la comunidad.

            Como Jesús sabía que cuando Él no estuviera, necesitaría una persona que los alentara y les guiara, decidió elegir a Pedro y su tarea fue ser el guía y el apoyo del resto de la comunidad.

 

            El  Espíritu Santo en la Iglesia

            Después de la muerte y resurrección de Jesús, muchos de sus discípulos se dispersaron. Sin embargo, otros junto con la madre de Jesús, seguían reuniéndose para recordarlo.

            Un día, mientras estaban reunidos, notaron como el Espíritu Santo entraba dentro de ellos y los llenaba de valor y fuerza. Su presencia se manifestó como ruido, viento impetuoso y lenguas de fuego.

            En el día de Pentecostés, se estaba celebrando una fiesta judía que reunía en Jerusalén a gentes de toda Palestina y creyentes y judíos que vivían en otras naciones del Imperio Romano. Pedro, inspirado en el Espíritu Santo, les dirigió la palabra. A pesar de hablar lenguas diferentes, todos se entendieron.

            Pedro les explicó que:

*Todas las promesas sobre la salvación de Dios que hicieron los profetas del Antiguo Testamento se habían cumplido con Jesús de Nazareth.

*Jesús, a quien ellos habían crucificado, era el Mesías, el hijo de Dios hecho hombre, es decir, el Cristo prometido.

            A raíz de este discurso de Pedro, unos tres mil judíos se convirtieron, fueron bautizados e incrementaron la comunidad de los seguidores de Jesús.

 

            Las primeras comunidades

            Los primeros cristianos se diferenciaban de los otros Judíos en que ellos creían en Jesús, el Señor, y, siguiendo la enseñanza de los Apóstoles, se esforzaban en vivir como Él había enseñado.

            Las autoridades judías no los aceptaron y fueron perseguidos.

Los primeros cristianos procedían del judaísmo como Jesús y los apóstoles. A simple vista, no se diferenciaban de sus conciudadanos. Pero podemos observar grandes diferencias que son relatadas en los Hechos de los Apóstoles:

*Creían en Jesús, el Señor, el Hijo de Dios salvador de la  humanidad.

*Se bautizaban y se reunían en comunidades para orar y acrecentar la fe.

*Celebraban la Eucaristía como Jesús les había mandado en la Última Cena.

*Escuchaban la enseñanza de los apóstoles.

*Vivían como hermanos y compartían todos los bienes con los pobres.

            Los primeros cristianos eran gente sencilla y formaban comunidades que se reunían en casa de alguno de ellos en la clandestinidad.

            En estas reuniones, rezaban, celebraban la Eucaristía y escuchaban la enseñanza de los apóstoles.

            Entre ellos no había pobres, porque vivían como hermanos y entregaban todos sus bienes para ayudar a los necesitados.

 

            Las persecuciones en Palestina

            Los adversarios de Jesús no toleraban que aquel grupo de hombres y mujeres anunciasen su resurrección y afirmaran que era el Hijo de Dios.

            Por esto persiguieron a la pequeña comunidad:

*Primero encerraron en la cárcel a Pedro y a Juan, los azotaron y prohibieron que predicasen a Jesús.

            *Más tarde arrestaron a todos los apóstoles.

*Después apedrearon al diácono Esteban, que fue el primer mártir de la Iglesia.

            Tras el martirio de Esteban, la comunidad de Pedro se dispersó, huyó de la persecución, y sus miembros predicaron en otros pueblos.

 

La expansión de la Iglesia

            El cristianismo, gracias a la predicación de los apóstoles, en especial Pedro y Pablo, y algunos discípulos, crece y se difunde por las grandes capitales del Imperio, llega a Roma y a todos los pueblos, entre ellos, España.

            Después del martirio de Esteban, muchos cristianos de Jerusalén, al ver que la persecución no cesaba, decidieron trasladarse a una ciudad más tranquila, lejos de la influencia judía. Escogieron Antioquia, una ciudad de Siria. Allí, Pedro y Pablo predicaron la fe cristiana a judíos y no judíos.

 

Los viajes de Pablo

En Antioquia, Pablo permaneció un año y los creyentes crecían de día en día. Aquí fue dónde se dio el nombre a los cristianos por primera vez.

Pablo visitó muchas naciones y muchas ciudades. En ellas predicaba el Evangelio y fundaba nuevas comunidades cristianas.

Pablo imponía a sus miembros la misión de presidir, predicar y celebrar. Eran los primeros obispos, sucesores de los apóstoles, y los presbíteros, colaboradores de los obispos.

 

Los cristianos en Roma

El cristianismo llegó muy pronto a Roma.

Pablo, tras recobrar la libertad, evangelizó a los romanos y, al poco tiempo, también el apóstol Pedro se trasladó a Roma, presidió a los cristianos y fue el primer Papa. Al final, Roma se convirtió en el centro de la Iglesia.

A pesar de las persecuciones, la vida de la Iglesia fue muy intensa. Se propagó por todo el imperio y durante los siglos II y III cabe destacar:

*Los escritos de los Padres apostólicos y los Padres de la Iglesia que orientaban a los cristianos a ser fieles al Evangelio. Sus autoridades destacaron por su sabiduría y su fe.

*La importancia de la Iglesia del norte de África, centrada en Cartago y la influencia que ésta ejerció en la Iglesia de la Península Ibérica.

 

El cristianismo en España

            La fe cristiana fue introducida muy pronto en nuestro país gracias a comerciantes, viajeros, soldados... provenientes de  Oriente, de Italia y del Norte de África.

            Algunos documentos muy concretos nos dicen que:

*San Pablo expresa su deseo de predicar en España, en la Carta a los Romanos.

*En el 254, el obispo de Cartago, San Cipriano, escribe a los cristianos de Mérida y Astorga.

*Hacia el año 300 se celebró en Granada un concilio en el que estaban representadas 37 comunidades de toda la Península.

*Hubo numerosas mártires, como: San Vicente, Santa Eulalia, Santa Engracia.....

 

TEMA 2 (De la expansión a la persecución)

 

            La Iglesia en la Edad Media y el fin de las persecuciones

            El emperador Constantino promulgó un edicto que concedía a sus súbditos la libertad religiosa (Edicto de Milán en documento aparte). Es importante conocer este documento, para saber cómo Constantino no impone el cristianismo, sino que da la libertad religiosa a todas las confesiones, así pues, él mismo no se convertirá al cristianismo hasta el fin de su vida..

            Los pueblos bárbaros se convirtieron al cristianismo y por esto la fe cristiana influyó en el nacimiento de Europa y su cultura.

            La Europa cristiana se ve sacudida por la invasión musulmana, y se inicia una lucha entre la cristiandad y el Islam.

El imperio de occidente, con capital en Roma desaparece en el transcurso del siglo V como consecuencia de las invasiones germánicas y el Imperio de Oriente o Bizantino, con capital en Constantinopla, se convirtió en un imperio rico y próspero que duró hasta la invasión de los turcos en el siglo XV.

            Las persecuciones oficiales del poder romano contra los cristianos se prolongaron hasta los inicios del siglo IV y aunque las persecuciones no fueron continuas y los creyentes gozaron de libertad y paz durante largos períodos, hasta el año 313 en que el emperador Constantino publicó el Edicto de Milán, los cristianos vivieron siempre atemorizados, temiendo por sus vidas (una de las mártires de ésta época es Eulalia de Mérida, cuya vida se encuentra en documento aparte).

            Después, a partir del Edicto de Milán, la Iglesia pasó de ser perseguida a ser protegida por las autoridades romanas y con esto se promulgaron nuevas leyes que favorecían al cristianismo.

            En el año 380, el emperador Teodosio el Grande, declaró el cristianismo como religión oficial. Estos hechos provocaron en la Iglesia y la sociedad consecuencias negativas y consecuencias positivas.

 

            La conversión de los pueblos germánicos (siglos V-VII)

Al iniciarse el siglo V, los pueblos germánicos, llamados también bárbaros por su escasa cultura, invadieron gran parte del imperio Romano de Occidente al ser empujados por los hunos, un pueblo asiático y destructor. Los pueblos germánicos más importantes eran los francos, los visigodos y los vándalos.

Al principio los pueblos germánicos eran gente ruda y analfabeta, practicaban artes mágicas y brujería. De ahí que en muy poco tiempo, todos estos pueblos se hicieran cristianos.

La vida monástica

La vida monástica consistía en:

*Convivir en un mismo edificio

*Someterse a la obediencia de un superior elegido por ellos, llamado Abad que significa "padre de todos".

*Todo era de todos.

*Dedicaban su tiempo a la oración, al estudio y al trabajo, con el que se ganaban la vida.

Las personas que lo practican son los monjes y los edificios donde viven se llaman monasterios.

 

Europa cristiana (siglos VII-XV)

Los reinos cristianos de Europa no eran Estados tal como ahora nosotros los entendemos. Estaban formados por una multitud de señores que tenían el dominio de un territorio, y establecían pactos entre ellos y también con el rey. Eran los señores feudales.

Esta situación creó graves problemas a la Iglesia:

*Reyes y señores feudales construían Iglesias y monasterios, y elegían a personas, a veces indignas, para regirlos.

*Obispos y abades disponían de grandes posesiones y actuaban como señores feudales.

 

La Iglesia en la Edad Moderna (siglos XV-XVII)

            La Iglesia inicia la Edad Moderna, consciente de la necesidad de reformarse profundamente.

            La reforma luterana provoca la división de los cristianos. La Reforma católica renueva la Iglesia.

            Es en esta época cuando el Evangelio de Jesús llega a todos los continentes.

Los intelectuales Europeos, querían saber todo lo que había hecho el ser humano en épocas anteriores y se iniciaron en la búsqueda del saber antiguo. De esta forma renacían las ideas y las costumbres del mundo griego y romano. Este movimiento se conoce como el renacimiento. Una de las características del Renacimiento es su interés por la persona.

Esta corriente de pensamiento centrada en el ser humano se llama humanismo.

Más tarde la Iglesia sufre muchas reformas.

 

La Reforma protestante (siglo XVI)

            En la reforma protestante, existían una serie de doctrinas contrarias a la fe católica. Las más importantes son:

            *Rechazaban la autoridad del Papa. 

*Proponían la Iglesia nacional, es decir, propugnaba la autonomía de la Iglesia de cada nación, prescindiendo del Papa.

*Explicaban que, para salvarse, solo era necesaria la fe, y no influían las obras buenas que las personas podían hacer o no.

*Defendían la libre interpretación de la Biblia, prescindiendo de la tradición y el Magisterio de la Iglesia.

*Aceptaba sólo tres sacramentos: el Bautismo, la Eucaristía y el Perdón, pero con una interpretación diferente a la de la Iglesia.

 

EXISTENCIA HITÓRICA DE JESUS DE NAZARET

 

Hablar de Jesucristo es hablar de la esencia misma del Cristianismo. El Cristianismo implica principios filosóficos, pero no es filosofía; contiene principios éticos, pero no es una ética; posee principios sociales, pero no es un movimiento social. El Cristianismo es Cristo conocido, creído, amado, seguido y transmitido.

La historia, no sólo cristiana, sino también pagana, da testimonio de que Jesucristo realmente existió. Es de coherencia humana aceptar los hechos históricos. El seguir la doctrina y el mensaje de Jesús ya requiere, por una parte, fe y, por otra, voluntad de aceptación.

Jesucristo no es un mito. Existió realmente. ¿Existen algunos documentos históricos sobre Jesús de Nazaret?

Escritores paganos:

A principios del siglo II se habla de los llamados "cristianos", como aquellos que profesan la fe en Cristo, considerado como Dios.

Así la carta que el historiador Plinio el Joven, procónsul de Bitinia, escribe en el año 112 al emperador Trajano que "los cristianos se reúnen un día determinado antes de romper el alba y entonan un himno a Cristo como a un dios"13 .

Está también Tácito que en sus Anales, hacia el año 115, habla del gran incendio de Roma, atribuido a Nerón en el 64, que culpaba a los cristianos de todo. Aquí está el texto: "Para hacer cesar esta voz, presentó como reos y atormentó con penas refinadas a aquellos que, despreciados por sus abominaciones, eran conocidos por el vulgo con el nombre de cristianos. Este nombre les venía de Cristo, el cual, bajo el reino de Tiberio, fue condenado a muerte por el procurador Poncio Pilato. Esta condena suprimió, en sus principios, la perniciosa superstición, pero luego surgió de nuevo no sólo en Judea, donde el mal había tenido su origen, sino también en Roma, a donde confluye todo lo abominable y deshonroso y donde encuentra secuaces" (15, 44)14

Suetonio, historiador del año 120, refiere que el emperador Claudio "expulsó de Roma a los judíos por promover incesantes alborotos a instigación de un tal Cristo"15 .

Escritores judíos:

Flavio Josefo, historiador judío, en sus Antigüedades judías, escritas hacia el año 93-94, refiere que el "sumo sacerdote Anano acusó de transgredir la ley al hermano de Jesús (que es llamado Cristo), por nombre Santiago, y también a algunos otros, haciéndoles lapidar" (Antiquitates XX, 9, 1). Más explícito es otro pasaje: "Por aquel mismo tiempo apareció Jesús, hombre sabio, si es lícito llamarle hombre; puez hizo cosas maravillosas, fue el maestro de los hombres que anhelan la verdad, atrayendo hacia sí a muchos judíos y a muchos gentiles. Él era el Cristo. Y, como Pilato le hiciera crucificar por acusaciones de las primeras figuras de nuestro pueblo, no por eso dejaron de amarle los que le habían amado antes: pues Él se les apareció resucitado al tercer día después que los divinos profetas habían predicho de él estas cosas y otros muchos prodigios sobre su persona. Hasta hoy dura la estirpe de los cristianos, que tomaron de Él su nombre" (Antiquitates XVIII, 3, 3)

ANEXO I

Edicto de Milán de libertad para el cristianismo (año 313, promulgado por Licinio y Constantino)

El Edicto de Milán nos ha llegado por una carta  que escribieron los Emperadores a los gobernadores provinciales.

Nos, los emperadores Constantino y Licinio, habiéndonos reunido felizmente en Milán, y puesto en orden las cosas que pertenecen al bien común y ala seguridad pública, juzgamos que, entre las cosas que han de beneficiar a todos los hombres, o que deben ser primero solucionadas, una de ellas es la observancia de la religión; debemos, por consiguiente, dar, así a los cristianos como a todos los otros, libre oportunidad para profesar la religión que cada uno desee para que por este medio, cualquiera que sea la divinidad entronizada en los cielos, pueda ser benigna y propicia con nosotros y con todos los que han sido puestos bajo nuestra autoridad. Por lo tanto, pensamos que la siguiente decisión está de acuerdo con una sana y verdadera razón: que nadie que haya aceptado la creencia cristiana o cualquiera otra que parezca ser la más conveniente para él, sea obligado a negar su convicción, para que así la Suprema Divinidad, cuyo culto observamos libremente, pueda asistirnos en todas las cosas con su deseado favor y benevolencia. Por cuyo motivo es necesario que V. E. sepa que es nuestra voluntad que todas las restricciones publicadas hasta ahora en relación a la secta de los cristianos, sean abolidas, y que cada uno de ellos que profese sinceramente la religión cristiana, trate con empeño en practicar sus preceptos sin temor o peligro. Creemos que debemos llamaros la atención sobre esto para que sepáis que hemos dado a los cristianos permiso libre e incondicional para que profesen su religión. Ahora que ya sabéis lo que les hemos otorgado, V E. también debe saber que por la conservación de la paz en nuestros días, hemos concedido a los otros el mismo derecho público y libre para practicar sus creencias o culto, para que de esta manera cada uno pueda tener libre ocasión para rendir adoración según su propio deseo. Hemos obrado así para que no parezca que favorecemos a una religión más que a otra. Además, hemos decidido decretar lo siguiente en relación a los cristianos: si los lugares en los cuales acostumbraban a reunirse en tiempos pasados (sobre los cuales ya hemos dado en otras circulares reglas definitivas en cuanto al modo de proceder para que os sirvan de guía) han sido adquiridos en cualquier otro tiempo por nuestro tesoro o por persona privada, que dichas personas se muestren dispuestas, sin ambigüedades o de mala gana, a devolverlos a los cristianos sin esperar recompensa pecuniaria o por un precio. Igualmente, los que hayan adquirido, en calidad de regalo, propiedad de esa naturaleza, que la tornen a los cristianos. Si los que han comprado tal propiedad o la han recibido como presente, quieren ser compensados por nuestra benevolencia, que vayan al vicario, el cual presentará el caso a nuestra clemencia. Habéis de considerar como vuestro deber el que todas estas cosas sean entregadas, por vuestra intervención, a la comunidad cristiana inmediatamente y sin demora alguna. Y puesto que es de conocimiento público que los dichos cristianos han poseído no solo esos lugares donde tenían la obligación de congregarse, sino también otros que pertenecían a la ley de su cuerpo, es decir, de las iglesias, no de personas privadas, mandaréis, de acuerdo con la ley que hemos descrito, la devolución de todas esas posesiones a los dichos cristianos, es decir, a sus cuerpos y asambleas, sin dudar y sin porfiar. Se ha de tener en cuenta nuestra declaración anterior de que los que devuelvan estos bienes sin ponerles un precio, pueden esperar, según hemos dicho, alguna compensación de nuestra benevolencia. Debéis mostrar suma diligencia en este asunto tocante al dicho cuerpo cristiano, para que nuestro edicto se lleve a la práctica con toda celeridad, en el cual también se han tenido en cuenta por nuestra clemencia los intereses de la tranquilidad pública. Que todo esto se cumpla para que, según ya hemos mencionado antes, el favor divino, cuya presencia hemos experimentado en tantas ocasiones, continúe bendiciendo siempre a nuestros sucesores con bienestar público. Para que lo dispuesto por esta nuestra perpetua benevolencia pueda llegar a conocimiento de todos, sería conveniente que hicieras llegar a todas partes y pusieras a la consideración de todos estos puntos, para que así el decreto de nuestra benevolencia no sea ignorado.

.ANEZO II

Las Cruzadas

 

1. Introducción

Fueron expediciones militares realizadas por los cristianos de Europa occidental, normalmente a petición del Papa, que comenzaron en 1095 y cuyo objetivo era recuperar Jerusalén y otros lugares de peregrinación en Palestina, en el territorio conocido por los cristianos como Tierra Santa, que estaban bajo control de los musulmanes. Los historiadores no se ponen de acuerdo respecto a su finalización, y han propuesto fechas que van desde 1270 hasta incluso 1798, cuando Napoleón I conquistó Malta a los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, una orden militar establecida en esa isla durante las Cruzadas. El vocablo cruzada (de ‘cruz', el emblema de los cruzados) se aplicó también, especialmente en el siglo XIII, a las guerras contra los pueblos paganos, contra los herejes cristianos y contra los enemigos políticos del Papado. Por extensión, el término se emplea para describir cualquier guerra religiosa o política y, en ocasiones, cualquier movimiento político o moral. Así, en España, los alzados contra el gobierno republicano en 1936 pronto denominaron a la guerra iniciada por ellos mismos (1936-1939) Cruzada, por considerar que su objetivo era vencer el ateísmo.

 

2. Contexto Histórico

El origen de las Cruzadas está enraizado en el cataclismo político que resultó de la expansión de los Selyúcidas en el Próximo Oriente a mediados del siglo XI. La conquista de Siria y Palestina llevada a cabo por los Selyúcidas islámicos alarmó a los cristianos de occidente. Otros invasores turcos también penetraron profundamente en el igualmente cristiano Imperio bizantino y sometieron a griegos, sirios y armenios cristianos a su soberanía. Las Cruzadas fueron, en parte, una reacción a todos estos sucesos. También fueron el resultado de la ambición de unos papas que buscaron ampliar su poder político y religioso. Los ejércitos cruzados fueron, en cierto sentido, el brazo armado de la política papal.

En un esfuerzo por entender por qué los cruzados las llevaron a cabo, los historiadores han apuntado como razones el dramático crecimiento de la población europea y la actividad comercial entre los siglos XII y XIV. Las Cruzadas, por tanto, se explican como el medio de encontrar un amplio espacio donde acomodar parte de esa población en crecimiento; y como el medio de dar salida a las ambiciones de nobles y caballeros, ávidos de tierras. Las expediciones ofrecían, como se ha señalado, ricas oportunidades comerciales a los mercaderes de las pujantes ciudades de occidente, particularmente a las ciudades italianas de Génova, Pisa y Venecia.

Aunque estas explicaciones acerca de las Cruzadas quizá tengan alguna validez, los avances en la investigación sobre el tema indican que los cruzados no pensaron encontrarse con los peligros de enfermedades, las largas marchas terrestres y la posibilidad de morir en combate en tierras lejanas. Las familias que quedaron en Europa tuvieron que combatir en muchas ocasiones durante largos periodos de tiempo para mantener sus granjas y sus posesiones. La idea de que los cruzados obtuvieron grandes riquezas es cada vez más difícil de justificar; la Cruzada fue un asunto extremadamente caro para un caballero que tuviera el propósito de actuar en Oriente si se costeaba por sí mismo la expedición, ya que probablemente le suponía un gasto equivalente a cuatro veces sus ingresos anuales.

Sin embargo, a pesar de ser una empresa peligrosa, cara y que no daba beneficios, las Cruzadas tuvieron un amplio atractivo para la sociedad contemporánea. Su popularidad se cimentó en la comprensión de la sociedad que apoyó este fenómeno. Era una sociedad de creyentes, y muchos cruzados estaban convencidos de que su participación en la lucha contra los infieles les garantizaría su salvación espiritual. También era una sociedad militarista, en la que las esperanzas y las ambiciones estaban asociadas con hazañas militares.

 

 

 

 

3. La conquista de Jerusalén

Los cruzados permanecieron descansando en Antioquía el resto del verano, y a finales del mes de noviembre de 1098 iniciaron el último tramo de su viaje. Evitaron atacar las ciudades y fortificaciones con el fin de conservar intactas sus tropas. En mayo de 1099 llegaron a las fronteras septentrionales de Palestina y al atardecer del 7 de junio acamparon a la vista de las murallas de Jerusalén.

La ciudad estaba por aquel entonces bajo control egipcio; sus defensores eran numerosos y estaban bien preparados para resistir un sitio. Los cruzados atacaron con la ayuda de refuerzos llegados de Génova y con unas recién construidas máquinas de asedio. El 15 de julio tomaron por asalto Jerusalén y masacraron a casi todos sus habitantes. Según la concepción de los cruzados, la ciudad quedó purificada con la sangre de los infieles.

Una semana más tarde el ejército eligió a uno de sus jefes, Godofredo de Bouillon, duque de la Baja Lorena, como gobernante de la ciudad. Bajo su liderazgo, los cruzados realizaron su última campaña militar y derrotaron a un ejército egipcio en Ascalón (ahora Ashqelon, Israel) el 12 de agosto. No mucho más tarde, la mayoría de los cruzados regresó a Europa, dejando a Godofredo y un pequeño retén de la fuerza original para organizar y establecer el gobierno y el control latino (o europeo occidental) sobre los territorios conquistados.

 

4. El apogeo del poderío latino en el oriente

Tras la conclusión de la primera Cruzada los colonos europeos en el Levante establecieron cuatro estados, el más grande y poderoso de los cuales fue el reino latino de Jerusalén. Al norte de este reino, en la costa de Siria, se encontraba el pequeño condado de Trípoli. Más allá de Trípoli estaba el principado de Antioquía, situado en el valle del Orontes. Más al este aparecía el condado de Edesa (ahora Urfa, Turquía), poblado en gran medida por cristianos armenios.

Los logros de la primera Cruzada se debieron en gran medida al aislamiento y relativa debilidad de los musulmanes. Sin embargo, la generación posterior a esta Cruzada contempló el inicio de la reunificación musulmana en el Próximo Oriente bajo el liderazgo de Imad al-Din Zangi, gobernante de Mosul y Halab (actualmente en el norte de Siria). Bajo el mando de Zangi, las tropas musulmanas obtuvieron su primera gran victoria contra los cruzados al tomar la ciudad de Edesa en 1144, tras lo cual desmantelaron sistemáticamente el Estado cruzado en la región.

La respuesta del Papado a estos sucesos fue proclamar la segunda Cruzada a finales de 1145. La nueva convocatoria atrajo a numerosos expedicionarios, entre los cuales destacaron el rey de Francia Luis VII y el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Conrado III. El ejército germano de Conrado partió de Nuremberg (en la actual Alemania) en mayo de 1147 rumbo a Jerusalén. Las tropas francesas marcharon un mes más tarde. Cerca de Dorilea las tropas germanas fueron puestas en fuga por una emboscada turca. Desmoralizados y atemorizados, la mayor parte de los soldados y peregrinos regresó a Europa. El ejército francés permaneció más tiempo, pero su destino no fue mucho mejor y sólo una parte de la expedición original llegó a Jerusalén en 1148. Tras deliberar con el rey Balduino III de Jerusalén y sus nobles, los cruzados decidieron atacar Damasco en julio. La fuerza expedicionaria no pudo tomar la ciudad y, muy poco más tarde de este ataque infructuoso, el rey francés y lo que quedaba de su ejército regresaron a su país.

 

 

Consecuencias De Las Cruzadas 

La expulsión de los latinos de Tierra Santa no puso fin a los esfuerzos de los cruzados, pero la respuesta de los reyes europeos y de la nobleza a nuevas convocatorias de Cruzadas fue débil, y las posteriores expediciones se llevaron a cabo sin ningún éxito. Dos siglos de Cruzadas habían dejado poca huella en Siria y Palestina, salvo numerosas iglesias, fortificaciones y una serie de impresionantes castillos, como los de Marqab, en la costa de Siria, Montreal, en la Transjordania, el krak de los Caballeros, cerca de Trípoli y Monfort, cerca de Haifa (Israel). Los efectos de las Cruzadas se dejaron sentir principalmente en Europa, no en el Próximo Oriente. Los cruzados habían apuntalado el comercio de las ciudades italianas, habían generado un interés por la exploración del Oriente y habían establecido mercados comerciales de duradera importancia. Los experimentos del Papado y de los monarcas europeos para obtener los recursos monetarios para financiar las Cruzadas condujeron al desarrollo de sistemas de impuestos directos de tipo general, que tuvieron consecuencias a largo plazo para la estructura fiscal de los estados europeos. Aunque los estados latinos en el Oriente tuvieron una corta vida, la experiencia de los cruzados estableció unos mecanismos que generaciones posteriores de europeos usarían y mejorarían, al colonizar los territorios descubiertos por los exploradores de los siglos XV y XVI.

 

• Primera cruzada: decidida en el concilio de Clermont por el Papa Urbano II, dio como resultado la conquista de Jerusalén y la creación de un reino francés en Palestina (1095 -1099).

• Segunda cruzada: se emprendió para auxiliar a los franceses de Palestina amenazados en Jerusalén. Dio como resultado el inútil asedio de Damasco (1147 -1149).

• Tercera cruzada: fue provocada por la toma de Jerusalén por el sultán egipcio Saladino (1189 -1192).

• Cuarta cruzada: fue organizada por los señores franceses y venecianos, dando como resultado la toma de Constantinopla, la destrucción del imperio griego y la creación de un imperio latino que duró casi medio siglo (1202 -1204).

• Quinta cruzada: dirigida por el señor francés Juan de Brienne y el rey de Hungría. No dio ningún resultado (1218 -1221).

• Sexta cruzada: tuvo la particularidad de que el jefe de la expedición estaba excomulgado, y en vez de atacar a los musulmanes negoció con ellos, obteniendo que los peregrinos pudiesen visitar Jerusalén (1228 -1229).

• Séptima cruzada: tenía por objetivo Egipto, centro de un poderoso estado musulmán, pero los cruzados fueron sorprendidos por una crecida del Nilo, diezmados por una epidemia y atacados por los musulmanes, por lo que debieron rendirse (1248 -1251).

• Octava cruzada: también llamada cruzada de Túnez, terminó con la muerte de Luis de Francia (más tarde San Luis), víctima de la peste (1270 ).

 

Los Templarios.

La Orden del Temple fue fundada en 1118, para asegurar la custodia de los Santos Lugares, y proteger las rutas de Peregrinacíon. La Orden alcanzó su máimo esplendor en el siglo XIII.

Los caballeros de Dios, hora de la Iglesia y la Cristiandad.

Su lema tanto para entrar en combate, como para inciar cualquier accíon de ayuda al prójimo era: NON NOBIS, DOMINE, NON NOBIS, SED TUONOMINI DA GLORIAM.

"Da Gloria, no para nosostros, Señor, no para nosotros, sino para tu nombre".

Era una fuerza militar muy bien organizada y formban las fuerzas de chequq en toda las Cruzadas. En el ataque estaban en vanguardia y en las retiradas, en la retaguardia. Durante un siglo aseguraron el gobierno efectivo del Reino Latino de Constantinpla. No pagaban impuestos, tributo ni peaje, solo obedecian al Papa y tenian posesiones en toda Europa y Oriente Medio...

 

La cruzada de los pobres 

El llamamiento de Urbano II produjo dos consecuencias inmediatas: por un lado la organización, a cargo de la nobleza, de una expedición oficial a Tierra Santa; por otro, el movimiento espontáneo del pueblo, de hombres y mujeres anónimos que, entusiasmados por las promesas papales, se pusieron bajo el mando de Pedro el Ermitaño, para que éste guiara la cruzada popular. Si bien no hay constancia de que Pedro hubiese estado presente en el llamamiento oficial de Urbano en Clermont, lo cierto es que antes de que acabara 1095 ya andaba predicando por pueblos y zonas campesinas de Francia la necesidad de la cruzada. Hombre extraño, Pedro llevaba una vida casi de mendigo: vivía de la caridad pública, vestía sucios harapos, mientras que insistía en que el segundo advenimiento del Redentor se hallaba próximo. Los pobres, profundamente imbuidos de sentimiento religioso, veían en él a un visionario; su aspecto paupérrimo contribuía a crearle la aureola de santidad que lo rodeaba. Sus discursos encendidos y pasionales, despertaban el entusiasmo general. 

A tenor de la proclama de Urbano, se lanzó a reclutar gente, sobre todo siervos, a fin de llevarlos en calidad de jefe hacia Jerusalén. Después de atravesar Francia se encaminó a Alemania, enviando discípulos hacia los lugares que él no podía visitar. Pronto comenzó a seguirlo una multitud harapienta calculada en cincuenta mil personas.

La multitud recorrió en pesados y sucios carromatos los intransitables caminos de Europa medieval. Su objetivo era Constantinopla, como paso previo para llegar al Santo Sepulcro. En tan extenuante marcha, Pedro continuaba predicando; su ejército se veía por dicho motivo constantemente engrosado por nuevos campesinos, caballeros empobrecidos, bandoleros y criminales. En Alemania se le sumaron algunos señores. Camino de Oriente, cometieron todo tipo de atrocidades, obsesionados por la idea matar infieles y por la necesidad de alimentarse. Finalmente, enfermedades diversas y el cansancio de una travesía interminable produjeron los explicables estragos. Tan sólo un número reducido de astrosos cruzados llegó a Constantinopla a finales del verano de 1096. Allí se embarcaron con rumbo a Asia Menor donde, después de varias batallas, fueron aniquilados por los turcos. De Pedro el Ermitaño, generador y conductor de esta cruzada de los pobres,  no se tuvieron más noticias.

 

LA CRUZADA DE LOS NIÑOS

En 1212 dos jovencitos afirmaron ser depositarios de un mandato divino: organizar una cruzada de niños para reconquistar los Santos Lugares. El primero de ellos, Nicolás, partió desde Colonia y fue pronunciando arengas por los pueblos hasta reunir unos veinte mil muchachos, todos dispuestos a seguirlo para cumplir con la supuesta orden de Dios. Así atravesaron los Alpes, en un penoso intento por llegar a Génova donde esperaban embarcarse rumbo a Palestina. Muchos murieron de hambre y frío, pero otros lograron su cometido aunque en la ciudad italiana fueron disuadidos por el propio papa. Algunos optaron por regresar a sus lugares de partida y otros prefirieron quedarse trabajando en Italia, desempeñando los hombres los más diversos oficios y las muchachas entrando en prostíbulos.

El otro niño que declaró haber sido ungido por Dios fue el francés Esteban. Con similares procedimientos a los utilizados por Nicolás, logró reunir un contingente de treinta mil jóvenes que se encaminaron hacia Marsella, cruzando Provenza. En la ciudad portuaria esperaban que las aguas se separaran para que ellos pudieran cruzar. Cuando el milagro no ocurrió, buscaron ser transportados en barcos.  Mercaderes  sin escrúpulos prometieron llevarlos a su destino, pero en realidad cambiaron de rumbo y los vendieron como esclavos en el Norte de África y en Egipto.

 

 

 

 

La cruz

La cruz

Parece subrrealista, pero lo único que ha permanecido en pie en el centro de Haití, ha sido la cruz...

Sobre la responsabilidad

Sobre la responsabilidad

 

Hoy un compañero de trabajo me ha preguntado: "¿pero tú realmente crees en Dios?, ¿cómo es posible creer?, yo lo he intentado muchas veces y no puedo con tantas desgracias como veo".

            Es normal que no puedas creer, precisamente porque lo has intentado. La fe no es un intento, ni tan siquiera un querer creer, de ser así no pasaría de ser un estilo de filosofía o una convicción ideológica, o un esfuerzo unidireccional. La fe consiste precisamente en todo lo contrario, es decir, en dejarse llevar y no vivir del esfuerzo continuo del autoconvencimiento. Son muchas las corrientes que intentan demostrar cómo es un absurdo el poder creer en Dios, y lo hacen apoyándose en la certeza de la evidencia del aquí y el ahora, de la comparación entre el bien y el mal para concluir la inexistencia del bien frente al mal palpable. Pero cuando olvidamos que el mal es en sí mismo la consecuencia lógica de nuestra falta de amor, entonces necesitamos buscar culpables que justifiquen nuestra desdicha. Dicho en otras palabras, cuando nos sentimos impotentes frente a todo lo malo que ocurre, surge en nosotros la urgencia de buscar culpables externos, olvidando que el mal o el bien, empiezan por el ejercicio de la libertad de uno mismo. Imagina que una noche yo voy con mi moto por una avenida principal; son las 3 de la madrugada. A lo lejos veo un semáforo en ámbar. Yo sé muy bien que tengo la obligación de reducir de marcha y parar antes de llegar al semáforo. En ese momento se despiertan en mi mente dos posibilidades: si reduzco y freno, posiblemente esté haciendo el tonto, porque a esa hora la probabilidad de que pase alguien es casi nula; además, si acelero lo pasaré antes. La segunda posibilidad es hacer lo que sé que tengo que hacer. Bien y mal luchan por un momento en mi mente. Decido acelerar. Al llegar al semáforo alguien pasa y la catástrofe es segura. ¿De quién es la culpa? ¿De Dios por no detener mi moto en seco?, o ¿mía por haber ejercido mal mi libertad? (puede que en ese caso, Dios esté en el semáforo que está avisándote de cuál es tu obligación). Es posible que la respuesta fácil sea: de Dios que podía haberlo evitado, pero ¿Dónde queda entonces el ejercicio de mi libertad? ¿No sería ése un Dios que coarta mis posibilidades y que dirige mi vida a su antojo?. Pero además, la consecuencia de mi acto de libertad tiene una doble dimensión: por un lado yo he tenido un accidente por no hacer lo que sabía que debía hacer; pero es que resulta que la consecuencia del mal ejercicio de mi libertad lo ha pagado otra persona que no tiene culpa ninguna, es decir, un inocente al que he causado un mal. Pongamos un caso mucho más reciente: Haití. La desgracia ocurrida allí en estos días es una tragedia para la humanidad, pero asumamos nuestras culpas en lugar de buscar un Dios que responda por nuestras irresponsabilidades. Si profundizamos un poco veremos como hace ya más de diez años se predijo que algo así podría ocurrir. En un momento no muy lejano algunas personas decidieron hacer unas construcciones defectuosas, irrisorias. Esas personas se lucraron vendiendo chabolas y terrenos pantanosos. Entre hacer una cimentación de 5 metros y hacer otra de 10, decidieron hacerla de 5 ahorrando un 50% en gastos que se convertirían en ganancias. La naturaleza lleva su curso y llega el temblor... la pregunta es ¿por qué en apenas 800 metros sigue habiendo un complejo residencial cuyos hoteles no se han visto afectados en absoluto?, es más, ¿Por qué la embajada de EEUU (en el centro del terremoto) sigue en pie sin haber sufrido ni una sola grieta?. Quizás el mal de unos lo hayan pagado estos inocentes sin culpa alguna. No se puede buscar responsables en las desgracias, lo urgente es asumir nuestra responsabilidad que produce un mal al inocente. Tú sabes cómo has de actuar, actúa como sabes que debes hacerlo y no culpes a Dios de tus culpas. El alumno que no estudia, pero que tiene todos los medios para ello, no está legitimado a culpar al profesor porque el examen ha sido difícil, porque no lo ha sido, sino que el alumno no ha cumplido con su obligación, se ha limitado a los mínimos olvidando que estaba llamado a los máximos.

            Así mismo, el ser humano está llamado a vivir en libertad y plenitud, por lo que no es justificable vivir esclavos de nuestras apetencias y rácanos con nuestras responsabilidades.

            El creyente no puede vivir intentando creer. El no creyente no puede justificarse por haber intentado creer. La fe no es un esfuerzo, es un regalo, el esfuerzo es vivir desde la fe como una continua búsqueda de la verdad y del bien común. Tú no puedes simplemente conformarte con sentirte amado por tu mujer y por tus hijos, o el amor es reciproco o no es tal.

            Recuerda que puede que tú no creas en Dios, pero no olvides que Dios sigue creyendo en ti.

 

Sobre la posibilidad de la realidad

Sobre la posibilidad de la realidad

 

         ¿Donde realmente se encuentra el significado de la realidad? Sin duda alguna se trata de una búsqueda compleja, partiendo de que no todos percibimos la realidad como igualmente real, es decir, lo que para mi puede ser una realidad absoluta, puede que para un observador distinto no pase de ser una mera ilusión. La búsqueda de la realidad pasa, a mi entender, por la búsqueda de una verdad que podemos llamar objetiva, pero objetiva no significaría aquí real, sino una verdad de consenso. De donde nos surgirá el siguiente problema: ¿si es una verdad de consenso, es una verdad absoluta?.

           La respuesta es evidente y clara, el consenso no implica lo absoluto en sí mismo, sino que tal pertenencia de absoluto lo será solo en tanto que una serie de sujetos lo aceptan como tal y, consiguientemente, fuera de ese estatuto de sujetos, tal verdad pasará a ser de nuevo una verdad totalmente subjetiva y carente de validez. Sorprende como en la historia, este concepto de verdad ha posibilitado la aparición de totalitarismos políticos; entre otras grandes barbaries recordemos como claro ejemplo de ello que ésta interpretación de la verdad legitima al llamado dictador, el cual buscando (posiblemente) el bien social, se olvida de que el bien que busca lo busca desde sus propios conceptos de bien y de validez, en su ayuda vienen aquellos que, en propio interés, reconocen la verdad del dictador como válida y absoluta, como camino posible para un bien u orden social; en definitiva, como un medio de dominio de masas que posibilite un estado aparentemente regulado. En conexión con la historia,  podemos encontrar en este marco de referencia a personajes como Franco, Mussolini, Stalin, y un largo etcétera de modelos que, partiendo de ésta concepción, han impuesto regímenes puramente absolutistas a sus pueblos; y si claro es el ejemplo de estos personajes, mayor pavor produce pensar en Hitler, quien además de lo antes expuesto, es capaz de convencer a casi toda una nación para probar que su verdad es la absoluta, pues no olvidemos que su llegada al poder se produce mediante las urnas y que, por consiguiente, un régimen democrático trajo como consecuencia al mayor sanguinario de la historia. A lo largo del devenir de los tiempos son muchos los filósofos y pensadores que se han embarcado en esta búsqueda. Muchos creen haber llegado a su resolución, pero siempre desde sus propias premisas y nunca desde premisas absolutas. Por otro lado, otros han buscado esa verdad absoluta en la religión, considerando que los dogmas dan validez de absoluto. Desde la filosofía, no son pocos los autores que han puesto el punto de mira en el llamado "a priori" o en el "a posteriori", para poder atisbar la verdad en el conocimiento desde uno u otro objetivo de miras.

            Así, nos encontramos con Kant, quien nos hablará del hombre como el protagonista del acto del conocimiento y, proponiendo el idealismo trascendental como posibilidad válida de conocimiento de la realidad; aunque no llegamos a comprender si con esa realidad se nos viene dada la verdad en sí misma. Otros autores más modernos, como Rorty, nos hablan de la necesidad de la verdad como consenso, olvidando los riesgos antes expuestos que ello supone. Igualmente no faltarán los pensadores que, de forma directa, nieguen la posibilidad del conocimiento de la verdad, dejando al hombre a la deriva en un sin sentido de la existencia.

            Por otro lado, llegaran los políticos, quienes desde erróneas convicciones de creerse en la verdad absoluta, mutilarán la posibilidad de la libertad en las sociedades supuestamente democráticas. Es más, los errores surgidos de la confusión en la búsqueda de la verdad tienen como consecuencia política la errónea concepción de la democracia como un sistema de gobierno en el que la suma de minorías ideológicas presupone una mayoría democrática. Y digo error porque en el concepto mismo de democracia se ha de incluir la búsqueda del bien común, y nunca la imposición de un anhelo ideológico minoritario a la mayoría. Una vez más, la raíz del problema la encontramos en la falsa creencia de la posesión de la verdad absoluta, bien por parte de un sujeto, bien por parte de un conjunto de la misma calaña.

            ¿Y las religiones? Ellas también se creen en la posesión de esa verdad absoluta que nos ocupa. Pero existe una gran diferencia entre aquellas religiones que buscan ofrecer la Verdad descubierta como medio de consecución de la felicidad y sentido último de la existencia del ser humano, y aquellas otras que desean la imposición de su creencia como una necesidad imperante. En el fondo, todo nos indica lo terrible de la religión cuando, llevada de ideología o de intransigencia, se convierte en azote de infieles o pecadores, creyendo además, que hacen un favor al Ser oprimido por el error, porque le conducen, aún involuntariamente, al conocimiento de su verdad elevada a lo absoluto.

            Hemos partido de la posibilidad de la realidad, a la búsqueda de la verdad. Es posible que uno de los sabios más importantes de la historia fuese un gran desconocido: Poncio Pilato, aquel que pudo preguntar con verdadero interés: Qui veritas est?.

            En este breve recorrido, y puede que absurdo, yo me quedo con una verdad, la única cuya presencia es intrahistórica, la que se personifica en la figura de Jesús de Nazaret. Él es el único que se atreve a decir: yo soy la Verdad, el camino y la Vida y a morir por ello. Nadie da su vida por algo de lo que no está plenamente convencido. El único capaz de unir estos tres conceptos en una realidad que se ofrece y que no se impone: él mismo.

            Si la realidad pasa por la verdad y él dice "yo soy la Verdad", tiene sentido la teología cristiana según la cual, donde hay realidad allí está Cristo; es decir, donde hay realidad allí está la Verdad. Como argumento añadido, podremos indicar que en Cristo, toda realidad que conlleva el mal queda desterrada, y se ofrece como camino sólo la realidad que produce el bien desde el concepto de Amor o Caritas, lo cual implica la búsqueda del bien común sin exclusión.

            En el fondo, se trata de una confesión, nunca de una prueba científica, pues también podría surgir la pregunta: ¿Tiene realmente significado la realidad?

 

Sobre la posibilidad de la metafísica en Kant

Sobre la posibilidad de la metafísica en Kant

 

Análisis del texto: Crítica de Razón pura, prólogo segunda edición, de B XIV, línea 8, a B XVII, línea 2 (trad. P. Ribas, Madrid, Alfaguara, 1988, pp. 19-20.

En este texto, Kant analiza la metafísica, y la fundamentación que de ésta se puede hacer. Afirma que la metafísica, a pesar de ser la base de todas las ciencias, y de ser la primera en aparecer, y la última que se perdería, no se puede fundamentar y demostrar con los métodos racionales de los que dispone la ciencia.  Todas las demostraciones metafísicas deben hacerse a priori, y por tanto, pueden ser erróneas. Para salvaguardar este problema, invierte la situación: hace que los objetos se adapten al sujeto, es decir, la realidad se adapta al hombre. Para Kant el hombre es el polo positivo del acto de conocer ya que conocemos el mundo solo a través de las estructuras de nuestros sentidos e inteligencia. El mundo en sí (noumeno) es algo externo a nosotros y en el momento en que lo conocemos y lo introducimos en nuestra mente lo hacemos a través de nuestro matiz personal, que nos permite construir esos datos en una imagen interpretable por nuestra mente (fenómeno). Es imposible saber cómo será el mundo en sí mismo sin mente que lo conozca pues en el momento en que supiésemos como es el mundo en sí lo estaríamos sabiendo en nuestra mente y ya no sería el mundo en sí mismo sino el mundo tal y como nosotros lo estuviésemos conociendo.

El hombre, por lo tanto, al conocer conoce el mundo a través de sus propias estructuras mentales que configuran los datos que nos llegan del mundo exterior. El hombre no es un mero receptor sino también un constructor de las imágenes que aparecen en su mente: un objeto en sí es incognoscible, pero cuando nuestra mente reconfigura esos datos a través de nuestras estructuras ese objeto adquiere entidad y es conocido. La ciencia no es conocimiento del mundo en sí sino del mundo tal y como aparece en nuestra mente.

El texto propuesto forma parte de la obra Crítica de la razón pura, la obras más importante de Kant, en la que analiza la naturaleza, la función y los límites de la razón humana. El problema que plantea al inicio del texto es el de la fundamentación racional de la metafísica. Ésta, a pesar de ser la madre de todas las ciencias, y de ser la más antigua y la única que sobreviviría si las demás dejaran de existir, posee muchas dificultades para ser demostrada con métodos racionales y objetivos, como los que disponen las ciencias naturales o las matemáticas. Para él,  la metafísica se basa en conceptos a priori, sin validez universal, y obtenidos a base de simples conceptos y buscando a tientas. Por tanto, no se puede considerar como conocimiento válido.

El autor llega a la conclusión de que los intentos de fundamentar el conocimiento metafísico han fracasado, y propone lo que se conoce como el giro copernicano de la filosofía: en vez de imponer el objeto al sujeto, es ahora el sujeto el que se impone al objeto; la realidad se adapta al hombre y a su forma de conocer. Esta idea es la que se conoce como el idealismo trascendental, y constituye la síntesis entre racionalismo y empirismo.

Llega a la conclusión de que los objetos, es decir, la experiencia, poseen unas reglas a priori que si podemos conocer antes de conocer el objeto, y que se adaptan a todos los objetos de la naturaleza.

Según Kant su teoría del conocimiento supone un giro copernicano de la teoría del conocimiento  anterior a él. De igual modo que Copérnico colocó al Sol en lugar de la Tierra como centro del universo la teoría kantiana sitúa al sujeto que conoce como centro del acto de conocer en vez de al objeto. A partir de Kant el hombre (sujeto) ocupará un lugar activo y central en las especulaciones sobre el acto de conocer.